El reductor de consumo eléctrico que ideó hace 13 años Emilio Aguiar, afincado en Burela, medalla de oro en Bruselas en 1996 triunfa ahora en el mercado
23 nov 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Emilio Aguiar (Escairón, 1956) desterró hace tiempo de su vida el unamuniano ¡que inventen ellos! «Eu traballaba no Concello de Burela, bueno daquela era o de Cervo (antes de la segregación), e comezaban as subvencións da Administración para aforro enerxético. Entón sacábanse os equipos de alumeado público e poñíanse dous niveis, para que a partir de determinada hora da noite consumise menos.
Empecei a pensar se sería posible, se sen ter que cambiar nada se podería conseguir o mesmo efecto. Fixen probas con transformadores, bobinas...». Así hasta que dio con un aparato que se instala en las cabeceras de las líneas de alumbrado (exterior, público o privado) y logra el ansiado objetivo.
El invento consiste en un reductor, que controla la intensidad de las lámparas. Dispone de seis niveles de reducción del consumo, para adaptarlo a las necesidades del espacio (una avenida principal, una calle céntrica y muy transitada, una vía periférica, un jardín particular, una estación de servicio, un parque, un túnel, un garaje de uso colectivo, etcétera). Depende además del tipo de lámparas, de mercurio o de sodio (las que más abundan, más duraderas y de mayor rendimiento, según explica Aguiar), y del estado en que se encuentren.
«O aparato pódese instalar en todo tipo de lámparas, incluso fluorescentes, halógenos ou mesmo de baixo consumo. Deste xeito tamén se logra que duren moito máis», destaca el empresario. El ahorro económico que genera el uso de estos aparatos (difícil de precisar, pues depende del número de lámparas de la instalación en que se aplique) es proporcional al ahorro energético alcanzado, que oscila entre el 15 y el 45%.
El plazo de amortización oscila entre los doce y los veinticuatro meses. Aguiar fabrica cuatro modelos, desde mil hasta ochenta mil vatios de potencia. «Hainos con un nivel, con dous, con estabilizador e con detector de averías, en función do que se precise en cada caso», detalla.
Economía y medio ambiente
El aparato que comercializa Emilio Aguiar no es el único del mercado. «Hai outros tipos. De calquer xeito, penso que os concellos deberían invertir un pouco máis nestas cousas e non o fan. ¿Para que se quere que un alumeado estea funcionando ao 100% toda a noite? ¿Para que vai estar alumando a tope a partir da unha da mañá?», se pregunta. El impacto medioambiental se atenúa. Y las ventajas económicas son evidentes, ya que «a lámpara e os arrancadores, ao funcionar con moita menos tensión, gástanse moito menos e, polo tanto, afórrase en consumo e en mantemento». Apenas se producen averías. «Levo trece anos e nunca ninguén me chamou porque un aparato tivera un defecto de fabricación, damos garantía de cinco anos, pero podería ser de moitos máis. Empregamos materiais moi fiables, dos mellores, na montaxe da peza, e a fiabilidade é total», subraya.
Y si se detecta un fallo, el propio instalador puede repararlo siguiendo unas sencillas instrucciones que Aguiar le facilita telefónicamente. No sucede lo mismo con otros dispositivos de la competencia. «Hai empresas que venden a concellos grandes e, se hai averías, que son máis frecuentes polo polvo e a humidade, ten que vir un técnico de lonxe a resolvelo».
En estos trece años, Aguiar ha ensamblado millones de piezas -la elaboración del reductor, consistente en el montaje de una serie de piezas, sigue siendo manual-. En las épocas de mayor demanda recurre a trabajadores autonómos. No se plantea la contratación de personal porque los pedidos suben y bajan y hay meses de escasa actividad, frente a otros periodos de mucho ajetreo.
Ventas al extranjero
Desde Burela, Aguiar vende reductores del consumo eléctrico para toda España (a través de distintos almacenes o bien directamente), «incluido as Canarias», Alemania y hasta el archipiélago de Cabo Verde. Se atreve con África y Europa, pero se resiste a adentrarse en el mercado estadounidense. Cuenta que una empresa norteamericana contactó con él a través de la página web -www.redeca.net- «pero era bastante complicado e decidín que non lles vendía». En el futuro, no descarta cruzar el océano.