Un grupo de más de 400 vecinos de cuatro parroquias de Monterroso presentaron un escrito en el Obispado de Lugo en el que solicitan que no les cambien de sacerdote y mantengan el que tienen en la actualidad.
Los feligreses autores de la protesta pertenecen a las parroquias de San Breixo, Xirigal, Novelúa y San Pedro y recogieron los cuatro centenares de adhesiones en apenas una semana.
El veterano párroco que se encargaba de llevar estas cuatro parroquias sufrió un percance hace cuatro meses tras el cual decidió jubilarse al no poder desarrollar con total normalidad su trabajo.
En ese momento el Obispado optó por trasladar a la zona al párroco Alfonso Fraga Ríos, natural de Palas de Rei y que en los últimos años había desarrollado su labor pastoral en Sarria, lugar en el que dejó un grato recuerdo entre sus feligreses que también lamentaron su marcha, en aquel momento por decisión propia.
El nuevo sacerdote se ganó de inmediato el cariño y el respeto de sus nuevos feligreses, que ahora no están dispuestos a dejarle marchar y por ello pusieron en marcha la recogida de firmas.
Una vez conseguidas las rúbricas, una representación de vecinos de las cuatro parroquias se desplazó a Lugo para entregar en el Obispado las firmas y hacer patente su malestar ante las autoridades eclesiásticas.
La visita no solo no sirvió para aplacar el enfado de los fieles, sino que incrementó su malestar por considerar que el vicario no se había comportado con ellos como cabía esperar. «No nos hizo ni caso en una visita que apenas duró unos segundos. Ni siquiera cerró la puerta por la que habíamos entrado. La dejó abierta para despacharnos lo más pronto que pudo sin hacernos ni el más mínimo caso», asegura uno de los asistentes a la recepción.
En el poco tiempo que permanecieron en el Obispado, los representantes de los vecinos manifiestan que no los trataron con demasiada educación. «Después de decirnos que el tema estaba cerrado y no había discusión nos dijo si nos creíamos que la iglesia era nuestra, algo que nos molestó profundamente», aseguran los afectados.
Los vecinos no entienden la decisión y se preguntan si es un castigo hacia ellos o hacia el párroco. En lo que no tienen duda es en que no van a conformarse con esta decisión unilateral de las autoridades eclesiásticas y que están dispuestos a hacer oír sus quejas. Manifestaron que están estudiando medidas de presión, una de ellas podría ser la de fletar varios autobuses para desplazarse a Lugo y manifestarse ante las puertas del Obispado.