El peregrino enamorado del campo

LEMOS

El valenciano Ramón Rodrigo hizo la ruta del camino Francés por Galicia seis veces y dice que no cambia las aldeas del interior por el marisco y otras ofertas turísticas

05 jun 2008 . Actualizado a las 12:25 h.

Ramón Rodrigo se confiesa como un «enamorado de Galicia», relación que nació y que fue aumentando a pasos agigantados desde que hace cerca de cinco años decidió hacer el camino de Santiago por primera vez.

Este valenciano de 66 años está haciendo el camino por sexta vez, en esta ocasión acompañado por dos de sus hijos y unos amigos, aunque lo que hace realmente ya no se puede calificar como peregrinación, puesto que lo que busca es conocer rutas nuevas al margen de las que utilizan los romeros y así conocer la Galicia rural de la que quedó prendado en su primera visita. «Está claro que el marisco y el mar de Galicia son impresionantes pero el campo es otro mundo completamente distinto. Una vez que se llega a O Cebreiro las sensaciones son completamente distintas a las que se viven en otros lugares y parece que uno llega a otro mundo», dice Ramón Rodrigo.

En sus experiencias anteriores, que hizo tanto a pie como en bicicleta, salió en varias ocasiones de O Cebreiro y en otras de Astorga. Sólo una vez optó por iniciar la caminata en Roncesvalles, pero con la intención de hacer sólo una etapa y luego viajar hasta Astorga para hacer de nuevo la ruta gallega. «Me habían hablado de que la misa de Roncesvalles era preciosa y la verdad es que después de asistir tengo que reconocer que es así. Es muy especial para los peregrinos, sólo comparable a la de la catedral», señaló emocionado Ramón Rodrigo.

Con dos compostelas ya en su poder no tiene necesidad de conseguir más y ahora sólo viene a Galicia una vez al año dispuesto a conocer nuevos lugares en el campo. «Ahora me limito a disfrutar haciendo tramos cortos por lugares cercanos al camino de Santiago. Siempre lo hago a pie, ya que en bicicleta no es lo mismo, sobre todo debido a que se pierden muchas cosas por ir demasiado deprisa», apuntó Ramón Rodrigo.

La mejor prueba de su experiencia brota cuando habla, con pasión, de Marisol la del Hospital de la Condesa, el padre Emilio del Hostal Vilasante de Triacastela. Pepe del Roma, Juan de Foilebar de Paradela o Jesús del Vilariño de Palas de Rei. Ramón Rodrigo no habla de ellos como hosteleros, sino como amigos a los que está deseando saludar todos los años.

En sus muchos años haciendo el camino recuerda a Manuel Fraga inaugurando uno de los albergues de Portomarín y opina que el establecimiento más bonito de toda la ruta es el de Ribadiso de Abaixo. A la hora de quedarse con un tramo le resulta complicado, pero después de meditar durante unos instantes se queda con una gran parte del que une Melide con Arzúa, aunque todavía pone por encima las corredoiras próximas a Sanxil.

Los valencianos no están muy acostumbrados a la lluvia y por eso Ramón Rodrigo no le hace ascos cuando esta aparece en algún tramo. «Excepto que llueva mucho es cuestión de poner un chubasquero y punto», dice.

Por último, Ramón Rodrigo no quiere despedirse sin hacer una reflexión sobre lo que realmente significa para él el camino de Santiago. «El que se muera sin haber hecho nunca el camino no sabe lo que se ha perdido», repite en varias ocasiones.