El trabajador portugués Antonio Alves Pereira, juzgado ayer por la tentativa de violación de una joven y por las lesiones causadas a sus padres y a su hermana cuando trataban de impedir que huyera antes de que llegara la policía, negó los hechos. Alves insistió en todo momento que sobre las seis y cuarto de la mañana del 28 de julio del pasado año se encontraba perdido en la ciudad. Había estado de copas por la zona de la catedral y quería llegar hasta la pensión en la que se alojaba en la rúa da Fraga para reunirse allí con otros compañeros y con su jefe. Iban a viajar a Barcelona para un nuevo trabajo.
Antonio Alves insistió en todo momento que su intención cuando entró en el portal con la chica era simplemente la de preguntarle por dónde se iba a la rúa da Fraga. Negó que la sujetara, que le desabrochara el cinturón y el pantalón y que intentara violarla. Es más, en todo momento rechazó que hubiera subido en el ascensor con ella.
Según la versión del acusado, para quien el fiscal pide tres años de prisión por un delito de agresión sexual, en grado de tentativa y diez días de localización permanente por cada una de las tres faltas de lesiones que le imputan, la chica se asustó y comenzó a llamar a sus padres. Cuando éstos bajaron el se quedó tranquilo esperando a que llegara la policía para aclarar la situación. Aseguró que tuvo oportunidad de salir huyendo, pero no lo hizo porque no tenía motivos para ello, porque según insistió en todo momento, no había cometido ningún delito.
Gestos a su esposa
El acusado que no admitió que su intención fuera la de agredir sexualmente a la joven e insistió en que si quisiera mantener contacto carnal con una mujer iría a un club o lo haría con su mujer, que se encontraba en la sala. Alves se volvió en varias ocasiones hacia ella en el transcurso de la declaración de la víctima para hacerle señas a su esposa de que lo que la joven estaba contando no era verdad.
La víctima, que no pudo reprimir las lágrimas, relató que Alves entró con ella en el portal y que se dio cuenta de ello cuando encendió la luz. Entró en el ascensor y él lo hizo detrás y la sujetó por la espalda. Explicó cómo trató de violarla y cómo cuando el ascensor llegó a su piso empezó a gritar por su madre, antes de que volviera a arrastrarla dentro.
La chica relató que desde el 28 de julio del pasado año no dormía, tenía pesadillas y no quería salir. Las repercusiones en su madre fueron similares. Ella contó que esa misma madrugada había llamado por teléfono a su hija porque se retrasaba y ella le dijo que estaba de regreso.
La testigo, que aseguró que cuando salen sus hijas escucha todos los movimientos del ascensor hasta que llegan, oyó que subía el elevador. Poco después escuchó que la chica la llamaba con voz de angustia. Saltó de la cama, avisó a su marido y bajó al portal. Al poco tiempo llegó el ascensor con agresor y agredida. La joven estaba llorando y no hacía más que decir «me intentó, me intentó...». No llegó a comprender lo que decía el hombre.
Arrancó una manilla
La madre contó como Alves trató de huir en el ascensor, pero ella se lo impidió, bloqueando las puertas. Poco después se sumaron su esposo y su hija y el encausado, que estaba muy nervioso y sudoroso forcejeó con todos, en su intención de huir. En uno de esos momentos arrancó la manilla de la puerta.
La persona que llamó a la policía local fue la madre y lo hizo desde el teléfono de su hija. Ésta no pudo hacerlo por lo nerviosa que estaba.
El padre, empleado de banca, contó que aplicó en ese momento las recomendaciones que les dan para hacer frente a los atracos: entretener al atracador y tratar de calmarlo hasta que llegue la policía. Como dijo que lo había visto muy angustiado por no poder salir le propuso ir a buscar un destornillador para poder abrir la puerta. El hombre dijo que creía que le había dado de plazo unos minutos para que regresara y así lo hizo. No entendió nada de las otras frases que pronunció.
La sombra de la revancha
El padre también coincidió con el resto de la familia en la situación en la que se encuentran todos los miembros desde lo ocurrido. Lo resumió con un «tengo la impresión de que nos persigue la sombra de la revancha».
La víctima, su madre y su hermana pidieron prestar declaración detrás de un biombo para no tener que enfrentarse al acusado de nuevo.
La fiscal reclamó en la vista también cinco años de alejamiento de la víctima, 2.000 euros de indemnización para la chica; 600 para su hermana y 150 para el padre, además de otros 291,37 para el Sergas por los gastos derivados de la atención sanitaria prestada a la chica horas después de lo ocurrido a la joven.