Entre la treintena de clientes que había en la entidad cuando se produjo el atraco estaba José Manuel Fernández López, que había acudido a realizar unas gestiones. A este testigo le sorprendió la tranquilidad con la que actuó el detenido y especialmente el hecho de que pidiera perdón a los clientes si los había asustado.
Este testigo relató que el atracador los concentró a todos en la parte posterior de la oficina, la zona que está más lejos de la puerta. «Foi unha situación moi desagradable -dijo- no momento non fomos conscientes do que puido pasar».
«Levaba unha pistola -añadió- que resultou ser de fogueo, pero nos neses momentos non o sabíamos, nin tampouco sabíamos cómo podía reaccionar. ¿E se lle daba por empezar a disparar?»
Explicó que entre los clientes se palpaba la tensión existente en el patio de operaciones de la entidad. Ésta fue reformada recientemente y ahora carece de las típicas cristaleras blindadas de otras dependencias.
Tanto a José Manuel Fernández como a otros clientes les sorprendió la conversación del atracador con los allí presentes, especialmente tratando de tranquilizarlos. Habitualmente quienes cometen este tipo de acciones apenas articulan palabra, salvo las imprescindibles, para evitar darle datos a la policía.
Este testigo insistió en la rapidez con la que se desarrollaron los acontecimientos. «Pasou todo mui rápido. En tres ou catro minutos xa tiña todo feito». «Collerono -dijo- porque estaban os dous guardias na porta, porque senón non o pillan». Cuando llegó la Policía Nacional, a la que avisaron desde un bar cercano, ya se había acabado todo.
Cuando todo pasó «había xente chorando, respirando fondo e a maioría, entre eles eu -apuntó López- temblandonos as pernas e pensando no que poido pasar».
A raíz del atraco el testigo se acordaba de otros hechos similares que ocurrieron en los últimos tiempos, pero con resultados peores. López rememoró el paso de «El Solitario» por la entidad bancaria de Sarria, donde disparó contra un empleado y del atraco en el hotel Alfonso IX, más reciente aún, también con disparos y un herido. «Coa recesión económica -apuntó López- non sei se teremos que ir acostumbrandonos a este tipo de cousas. A xente necesita cartos e cada vez necesitará máis. Eso díxomo esta mesma mañá unha empregada doutro banco e non sei se terá razón».