Un rayo destroza la casa de dos ancianos en O Salnés

LEMOS

03 ene 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Rayos y truenos la tienen emprendida últimamente con los vecinos de O Salnés. El año pasado, los relámpagos se colaron en dos casas de Vilanova y las destrozaron. Y nada más estrenarse el 2008, otro rayo entró sin ser invitado en una vivienda de Catoira y arruinó la casa de un matrimonio de ochenta años que todavía se recupera de la crisis nerviosa que le sobrevino pocas horas después de tomar las uvas.

Eran las siete de la mañana, y aunque todavía permanecían en cama, Elisardo Bouzas y su mujer, María Elena Rey, estaban ya despiertos porque unas horas después tenían cita en el médico, y no querían quedarse dormidos. «Nese rato a min deume por pensar na xente que está na cama e que morre por un escape de gas», recordaba unas horas después la mujer. Pero no fue el silencioso gas; fue un estruendo horrible el que los sobresaltó e hizo que Elisardo saliera de la habitación de golpe. «Foi un estoupido terrible, coma un barreno. Levanteime e xa estaba ardendo fóra», relataba el hombre, que mal como pudo, con calderos de agua, apagó el fuego que ardía en unos leños de la cocina, mientras su mujer pedía ayuda a los vecinos.

Cuando llegaron los bomberos ya no había fuego, pero el humo invadía la casa. El rayo hizo explosionar todos los cuadros eléctricos de la vivienda sita en el lugar de Tarrío, en la parroquia de Dimo, abrió varios boquetes en las paredes, rompió cristales y destrozó las tuberías de agua, haciendo inhabitable lo que hasta entonces era un hogar.

El matrimonio, que tiene un hijo casado en Vilagarcía, salió ileso del percance, pero habían tragado mucho humo y sufrían las consecuencias de una fuerte crisis nerviosa, por lo que fueron trasladados al centro de salud de Catoira. Hasta que se lleven a cabo las reparaciones dormirán con unos parientes. «No quieren ir para Vilagarcía para no dejar solos a los animales», decía su nuera.

Los bomberos aseguran que el rayo entró a través de los alambres de la parra que hay en la parte trasera de la casa. Mal asunto el de los alambres. Los que una vilagarciana llevaba unos meses antes en el sujetador también provocaron que casi la fulminase un rayo.