En el caso de aplicar a Antonino Costas la metáfora que recoge el cuento de la cigarra y la hormiga, este extrabajador del sector de la banca en Vigo sería la segunda. Ahora es lo que le vale para poder estar despreocupado, porque los cálculos que ha ido realizando a lo largo de su trayectoria laboral le dan un desahogo económico que le permite dormir tranquilo.
Tiene sesenta años y fue uno de los que, dice, se acogió «al ERE de Caixanova». Como tiene una niña pequeña, de 12 años, sabe que todavía le queda mucho para que ella acabe los estudios y empiece una vida independiente. «Lo que estamos haciendo ahora es vivir con el paro y con el prorrateo mensual de la indemnización que cobré. Estoy cobrando algo menos de lo que me daban antes. Después de los dos años ya empezaré a cobrar la ayuda por jubilación», explica.
Como empezó a trabajar cuando era solo un chaval, tendrá cotizados más de cuarenta años y, además, dispone de un plan que completará la ayuda por jubilación. «El plan es bueno. Hay que tener uno. El Estado de bienestar hace goteras y lo que te va a dar la Seguridad Social no llega», apunta. Fue previsor, algo que valora. «Estoy tranquilo prácticamente al 100 %. No voy a ganar igual que en activo, pero lo que va a venir tampoco es algo imprevisto», explica.
El problema es que no todos los padres mayores podrán relatar la misma historia. Y es que no solo el retraso en la paternidad va a influir en el bienestar de la familia. Otro factor a tener en cuenta es que, a medida que avance el tiempo, los que alcancen esa barrera ya no llegarán a ella con el mismo historial laboral con el que están llegando ahora trabajadores que han estado en activo durante toda su vida. Algunos casos, como advierten algunos expertos, serán de ese grupo que no ha empezado a cotizar de una forma continuada hasta los treinta. Entonces, como apunta este vigués, «lo mejor es ser previsor».
Los cálculos que ha ido haciendo le dan un desahogo y puede dormir bien