Entre Juan López Noya, uno de los carballeses con mayor número de imputaciones delictivas a sus espaldas, y Diego Blanco Martínez, el menor de los apresados ayer, hay 25 años de diferencia, pero muchas características en común. Los dos, al igual que el resto de detenidos por la Guardia Civil en el Monte do Carme, empezaron a saltarse los límites de la ley en su más tierna juventud y en pocos años alcanzaron una cantidad de estancias en los calabozos de auténtico récord.
Benjamín López Rojo, Japito, es famoso en los ambientes policiales de Carballo por haber superado el centenar de detenciones recién cumplidos los 20 años de edad y por la huida que protagonizó en el mes de enero, cuando los agentes lo descubrieron escondido en un congelador del barrio de O Sixto.
Víctor Manuel Martínez Espasandín, Manzanita, su actuación más reseñable se produjo el 24 de febrero pasado, cuando nada más quedar en libertad, después de robar 2.000 euros en ropa de una tienda de deportes, fue descubierto mientras cortaba cable de cobre en una parroquia de Entrecruces.
José Manuel Amado Botana, con 48 años cumplidos, ya tiene en su haber detenciones que datan de principios de los noventa.
El hecho de que todos ellos aparezcan ahora mezclados en esta causa confirma algo que los investigadores sospechaban desde hace tiempo. El relevo generacional de la delincuencia en Carballo está garantizado.