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ciudad de la cultura El Gaiás, tan enorme como invisible

En Santiago no hay un solo letrero que indique al visitante cómo ir a la Ciudad de la Cultura, en cuyo acceso aún destaca un cartel de obra que reza: «Prohibido el paso»

Autor:
M. Cheda
Localidad:
santiago/la voz.
Fecha de publicación:
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Diez años de trabajos, tropecientas redefiniciones, no menos bandazos políticos, un rosario de contrataciones irregulares, discursos vacuos, improvisación al cuadrado, polémicas al cubo, investigaciones parlamentaria y judicial de por medio, 236 millones de euros ya absorbidos... Después de todo eso, al día siguiente de su inauguración parcial ayer abrió al público una de las obras civiles más gravosas para el erario en la historia de Galicia: el Gaiás. Un Gaiás al que se llega muy a duras penas, paradójicamente. Pese a la pretensión gubernamental de convertirlo desde su bautizo en imán para el turismo, no hay quien lo encuentre, salvo expreso dominio del callejero compostelano. Y eso que tampoco tiene mucha pérdida. Tomando la salida 67 de la autopista del Atlántico, basta con dirigirse hacia el Multiusos Fontes do Sar -este sí, convenientemente señalizado- y en su rotonda de acceso girar a la izquierda para ascender hacia el destino. Una vez abandonada la AP-9, en coche se tardan tres o cuatro minutos a lo sumo.

Pero, sin saber esto, resulta casi imposible de alcanzar, pues en Santiago no hay un solo letrero, ni de carretera ni para peatones, que lo indique, a excepción de uno tan minúsculo como inútil, ya que se halla emplazado en la falda del monte sobre el cual se erige el complejo; donde menos hace falta, en definitiva. Además, de su lado nadie ha retirado aún un cartel mucho mayor y llamativo que cuando el recinto permanecía cerrado cumplía una función actualmente carente de sentido por completo. Reza: «Prohibido el paso a toda persona no autorizada». O sea, más que invitar, disuade.

Entonces, ¿cómo es que ayer los dos edificios estrenados el martes por los Príncipes de Asturias recibieron a tantos visitantes como, según la Xunta, optaron por conocerlos: unos cuatrocientos? La inmensa mayoría de ellos conocían el camino porque residen en la zona, habían arribado en autocares para excursiones concertadas o bien echaron mano de la línea C9 del bus urbano, cuyo recorrido acaba de ser extendido allí.

Con la Biblioteca y el Arquivo de Galicia aún huérfanos de investigadores, el punto de información provisorio y leves desajustes sobre su horario oficial (de 8 a 20 horas), la Ciudad de la Cultura acogió mayormente a cientos de curiosos en general satisfechos con la estética.

 

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