Sentadas y conversando entre ellas, las vendedoras del mercado de O Bolhão, en la milla de oro de Oporto, reflejan como nadie el efecto de la crisis lusa. A las doce del mediodía los puestos siguen llenos de productos del campo, pero hay más vendedores que compradores. «Claro que estamos mal, no lo ve, no hay nadie», dice Armilda, tras un puesto de frutas en el que se nota mucha producción propia. Su compañera de fatigas, reacia a hablar mal de Portugal a un extranjero, lo admite, nunca como ahora llegó tanta gente a ofrecer sus cosechas caseras para que fueran vendidas en el centenario mercado de la llamada ciudad invicta.
Las decenas de pontones que sostienen los techos de la plaza dan un aire todavía más decadente y de economía de subsistencia a tan solo unos metros de la comercial rúa de Santa Catarina, llena de gente, que pasa sin advertir los raídos carteles que claman desde hace meses «salvemos O Bolhão».
Ancianos desnutridos
Son los contrastes de Portugal, el país de la UE con más teléfonos móviles por habitante (se superan los 15 millones para 10,6 millones de residentes), con más coches de alta gama importados, pero también con graves efectos alimentarios creados por la crisis, sobre todo en el 18% de la población que, según Eurostat, vive en el umbral de la pobreza. Las cifras que ofrece el Banco de Alimentos son incluso más escalofriantes, al apuntar que el 30,7% de los mayores de 65 años están desnutridos, y este año solo el 21% completa con suplementos alimentarios sus comidas. Hace tres años esos suplementos eran adquiridos por el 53% de los mayores, pero ahora tienen otras prioridades, como por ejemplo hacer frente a los impuestos. Los presupuestos que el viernes defendió el Gobierno en la Asamblea de la República están diseñados para lograr el ingreso vía impuestos de 33,2 millones de euros, 3.100 euros por persona, mientras además se recorta de donde sea, como en los tratamientos de fertilidad, que por sorpresa la sanidad lusa ha limitado a solo un intento por matrimonio. En contraste, el Ejército recibirá tres submarinos y la aviación 1.500 millones de euros. «¿Será para bombardear Galicia?», se pregunta con ironía el columnista Tiago Mesquita.