Un abogado logra que un hombre separado libere a su hija, a la que mantuvo retenida en el colegio
A CORUÑA CIUDAD
La directora del centro coruñés, el letrado y agentes negociaron con él una hora
21 sep 2010 . Actualizado a las 02:00 h.El hombre no podía hacerlo y aun así se presentó a primera hora de la mañana de ayer en el colegio de su hija, la buscó, la cogió de la mano y dijo que se la llevaba. Se puso terco y la directora del centro, que estaba sobre aviso de que eso podía suceder, le rogó que recapacitara. Como no había forma de convencerlo, decidieron llamar a la policía, que en un principio tampoco fue capaz de que soltara a la menor. Y no la dejó ir a clase hasta que llegó su abogado, que sí logró persuadirlo. Fue una hora «muy angustiosa» la que se vivió en el colegio de Las Esclavas, de A Coruña.
Todos los que trataron de que este hombre depusiera su actitud pensaban más en la niña que en su padre. Por eso nadie se planteó en ningún momento utilizar la fuerza. «Ya era una situación muy desagradable para una niña de siete años como para que además tuviese que asistir a que un policía intentase reducir a su padre», según una profesora del centro. Así que se llevó todo con mucho tino, midiendo las palabras, tranquilizando a la cría, que de principio a fin, según los testigos, permaneció tranquila. No echó ni una lágrima. Ni en los peores momentos de la negociación, cuando el hombre, al final, comenzó a exaltarse con su hija en brazos.
Hizo lo que hizo, según explicó, como respuesta a la denuncia que su ex mujer puso contra él la semana pasada. En medio de una separación tormentosa -el divorcio todavía está en proceso-, el hombre fue a buscar a su hija hace una semana porque le correspondía estar con ella y se la llevó a Madrid. Pero viajó sin decirle nada a la madre. Por si fuera poco, según el requerimiento, se retrasó en la entrega de la niña a su madre, lo que empujó a esta a poner una denuncia.
A raíz de ese desencuentro, la relación entre los padres de la menor se envenenó aún más. Y se desbordó ayer a las nueve de la mañana cuando el hombre se presentó en el colegio. La solución llegó gracias a la llegada de su abogado. Él mismo pidió su presencia. Y allí se fue el penalista Ramón Sierra, que tras mantener una charla con él lo persuadió.
Al final, cuando decidió soltar a su hija, el equipo médico de una ambulancia se ocupó del hombre, al que trasladó con una crisis de ansiedad.