La víctima, madre de dos niños de 11 y 5 años, vivía con su nuevo novio desde hace tres semanas
16 sep 2010 . Actualizado a las 12:54 h.Hace apenas tres semanas María Rosa de la Hoz Rodríguez decidió iniciar una nueva vida. Dejó a su pareja desde hacía cuatro años, hizo borrón y cuenta nueva y se animó a irse a vivir con su nuevo novio. Sin embargo, los sueños de María Rosa duraron poco. Ni siquiera un mes. Ayer, su ex pareja, Julio Fernández Hermida, acabó de dos martillazos con todos los planes de futuro de la joven.
Todo ocurrió en un piso ubicado en el centro de Ponteceso, donde desde hace cuatro años la mujer, de 34 años, residía con su presunto asesino, de 56. Ella tenía dos hijos de relaciones anteriores, de 11 y 5 años, pero solo el pequeño vivía con ellos, ya que el mayor, que sufre una parálisis cerebral, está internado en un centro de A Coruña, ciudad en la que De la Hoz, nacida en Toro (Zaragoza), y el coruñés Julio Fernández residían antes de trasladarse a Ponteceso.
Fue precisamente en la localidad bergantiñana donde María Rosa conoció a su actual pareja, Ángel Souto Cotelo, que ayer, consternado, intentaba que los agentes de la Guardia Civil que custodiaban el cadáver lo dejasen despedirse de su novia. Él fue, además, una de las últimas personas que la vio con vida. La mujer, explicó, salió de su casa a primera hora de la mañana con dos objetivos. El primero, dejar a su hijo pequeño en el colegio. El segundo, recoger las cosas que todavía tenía en el piso que había compartido con su ex pareja y entregarle a su presunto asesino las llaves de la vivienda.
Según explicaron varios testigos, la mujer ya estaba empadronada en la casa de su nuevo novio y ayer por la mañana, poco después de las once y media, la vieron salir del Ayuntamiento, adonde acudía habitualmente, ya que recibía ayuda del departamento de Servizos Sociais. Después de pasar por las oficinas municipales, María Rosa, acompañada por su ex pareja, se reunió con su casera, ya que ambos habían acordado redactar un nuevo contrato de arrendamiento para que Julio Fernández siguiese residiendo en la que hasta hace tres semanas había sido la casa de la pareja. «Ambos despedíronse amigablemente», aseguraba ayer una vecina que había sido testigo casual del encuentro.
Y ahí se perdió la pista de María Rosa de la Hoz. Hasta las cinco de la tarde, hora en la que saltó la voz de alarma, ya que la mujer no acudió a recoger a su hijo pequeño al colegio. Fue entonces cuando su novio, que tampoco conseguía hablar con ella, se puso en contacto con la hermana de esta, casada con un vecino de Ponteceso y también residente en la localidad. Preocupada porque no respondía a sus llamadas, decidió acercarse a la vivienda, donde descubrió lo que había ocurrido.
A las seis, la Guardia Civil de Ponteceso detuvo al presunto asesino cuando salía de un bar cercano al piso. Se lo encontraron con la camisa ensangrentada y no opuso resistencia. Ni siquiera negó los hechos. Ayer por la noche permanecía recluido en el cuartel de la localidad.