A los pocos minutos de producirse la colisión, todo el tráfico del acceso a la autopista se resintió. A la una, las colas ya llegaban a la entrada de la AP-9, y estas fueron aumentado progresivamente hasta alcanzar el centro urbano de A Coruña. Al conectar la autopista con la avenida de Alfonso Molina, principal vía de entrada y salida de la ciudad, el incidente no solo afectó al tráfico de la autopista en sí, sino que sus efectos se multiplicaron a lo largo de toda la avenida.
La situación fue particulamente grave a partir de las 14 horas, coincidiendo con la salida de los trabajos. Durante varios minutos hubo momentos en los que era imposible avanzar un metro, provocando la desesperación de muchos conductores. En los paneles luminosos se advertía del accidente, lo que facilitó que muchos optasen por usar vías alternativas.
La situación se repitió ya por la tarde, siendo muy complicada la circulación en la autopista y alrededores.