Centenares de vecinos recorrieron ayer la fortaleza, que es la única que se mantuvo en pie en Galicia durante la sublevación que terminó con todas las torres gallegas
Lo que no consiguieron los irmandiños por la fuerza durante la sublevación de 1467 lo lograron ayer de forma pacífica más de 300 vecinos del municipio de Palas, que tomaron la fortaleza de Pambre en la jornada inaugural de la primera temporada de visitas organizadas. Poco después del mediodía, el alcalde, el secretario xeral de Cultura y el provincial de los Hermanos Misioneros de los Enfermos Pobres, los nuevos dueños, cortaron la cinta y abrieron el portalón de entrada al castillo, que quedó franqueada.
Subidos a una tarima en el patio de armas, el mandatario municipal, Fernando Pensado, y el responsable de la comunidad propietaria, José Donaire, se dirigieron al público para expresar la satisfacción por el acontecimiento largamente esperado. Seguidamente, los vecinos se esparcieron por el laberinto que forman las numerosas construcciones y pasos interiores, que no llevan a ninguna parte porque la torre del homenaje y los restantes miradores carecen de estructura interior y resultan inalcanzables. La visita remató en unas carpas exteriores, en las que esperaban decenas de bandejas con trozos de empanada.
Las inevitables anécdotas
Los más veteranos comentaban los usos que tuvo la fortaleza: en la capilla, anterior al propio castillo, la zona del altar estuvo dedicada a granero y el resto era el lugar donde el toro cubría a las vacas. Apoyado a la torre del homenaje hubo un alpendre que albergaba un horno y en el que aún permanece una parrilla al uso para hacer churrasco. Y en la vivienda de los caseros, la chimenea de una lareira fue aprovechada como salida de gases cuando incrustaron una cocina económica, ahora desvencijada. Ayer permaneció cerrada la casa del amo, en la que hace décadas el anterior propietario, el conde de Borraxeiros, llevó a cabo unos macarrónicos arreglos.
Aunque el alcalde citó a los colectivos que durante muchos años pelearon para que la fortaleza se abriese al público, como bien de interés cultural, la Plataforma Alto Ulla distribuyó un comunicado en el que se trasluce cierta crítica al oportunismo. También manifestó su descontento el presidente de los vecinos de Pambre, que con 90 años es el luchador más veterano.
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