La Xunta se hizo de nuevo con las riendas de la cartilla sanitaria, que ya no sirve para acceder a la única cabina porno del país en servicio las 24 horas
21 may 2010 . Actualizado a las 02:00 h.El Sergas se llevó las manos a la cabeza cuando hace un mes se enteró de que su tarjeta sanitaria servía para acceder a un sex shop coruñés. «Eso no es de recibo, no se puede permitir», clamaron desde la consellería. Así que se lo hicieron saber a las personas que estaban detrás de esa cabina. Les pidieron que idearan cualquier otra fórmula que sirviera de llave al universo porno menos la utilización de la cartilla del médico. Y así fue. Ahora, el que quiera comprar películas de contenido adulto así como cualquier juguete sexual en la única cabina española dedicada a ese género tendrá que hacerse socio del videoclub en el que está instalada o pedirle la entrada a la encargada del mismo. La tarjeta sanitaria «para lo que es», para el médico, advierten responsables de la Consellería de Sanidade, que ya vuelven a ver cómo su cartilla solo pasa por donde tiene que pasar.
Pionera en España
La cabina, ubicada en la avenida de General Sanjurjo en A Coruña, es pionera en España. El cliente, una vez dentro de una cabina del tamaño de un fotomatón, se encuentra frente a máquinas expendedoras que, en lugar de patatas fritas, chicles o refrescos, venden juguetes eróticos de todo tipo y un enorme surtido de películas para adultos. Descartado el candado, el inventor pensó un sistema para que la cabina permaneciese cerrada y ciega al público infantil. El carné de socio del videoclub limitaría la clientela. Se necesitaba un documento que todo el mundo lleve en la cartera y que acredite la edad de su poseedor: la cartilla sanitaria. ¿Qué tiene ese documento para que permita abrir las puertas al mundo del entretenimiento para adultos? Pues el plástico para ir al médico a por recetas tiene introducida la edad del usuario en la banda magnética.
El lector lo comprueba y si el paciente del Servizo Galego de Saúde nació hace más de 18 años, la cabina se abre, permite ?el acceso y se cierra para guardar la intimidad del cliente. Durante las 24 horas del día y de lunes a domingo.
Funcionaba a las mil maravillas esta cabina distribuida por la empresa de Cambre Papillón -la mayor firma de venta de material pornográfico de España- hasta que el Sergas se enteró de lo suyo y entonces emprendió acciones legales, haciéndole ver al responsable del sex shop que la cartilla del médico era solo para eso, para el médico.