El lobo que atacó a un pastor en Cee pesaba 30 kilos, tenía más de diez años de edad y le faltaba parte de una pata

E. E.

GALICIA

05 mar 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

El lobo que el pasado martes hirió a un pastor en un monte cercano a Cee era, sí, un animal salvaje, pero seguramente bastante menos de lo que lo fue en sus años de juventud. El cánido asestó unas buenas dentelladas a Jesús Martínez en un brazo y en un dedo. El pastor frisaba los 80 años, pero el animal no le iba a la zaga en cosa de senectud. Quienes estudiaron el cuerpo cuentan que podía tener entre 10 y 15 años, es decir, que peinaba canas hacía tiempo.

La fiera de edad provecta tenía además otras taras que, de ser humana, le habrían servido hace tiempo para hacerse con una pensión. Al lobo le faltaba parte de una pata. La herida estaba ya cicatrizada. Seguramente quedó atrapado en alguna de las trampas ilegales que abundan en los montes gallegos.

La fiera, además, estaba prácticamente desdentada, aunque, eso sí, a falta de incisivos y molares le quedaban cuatro hermosos y agudos colmillos, como Jesús Martínez puede acreditar en carne propia. Hay que decir, además, que el bicho no debía ingerir una alimentación adecuada ni regular, ya que pesó en la báscula, después de que le dieran muerte, solo 30 kilos.

Aunque lobo, no era mucha cosa para las mandíbulas de Trosky y León, dos mastines de generosas dimensiones que se abalanzaron sobre él y que al día siguiente descansaban, indemnes y muy tranquilos, al lado del rebaño de ovejas. Viejo, flaco y mutilado, el lobo era, sin embargo, una fiera en la medida de sus posibilidades, y tuvo arranque suficiente para lanzarse a dentelladas contra el pastor, antes de que su compañero Alfredo Novo le diera muerte, ayudado por los dos canes y valiéndose de una horquilla.

Los que saben de lobos aseguran que los animales, ante la presencia del hombre, huyen, y que solo atacan cuando se ven acorralados y no tienen otra salida.

El ejemplar de Cee ya pasó a la historia, eso sí, dándole antes un buen susto a los dos pastores que ese día recogían en el monte helechos para mullir las cuadras en las que guardan un rebaño de 300 ovejas.