Tania tenía 18 años cuando se enamoró del peor hombre posible. Le tendió dos trampas. Una, para engatusarla; y la otra, para que trajese tres kilos de cocaína desde Costa Rica sin que ella sospechara lo más mínimo la mercancía que transportaba. Durante los 15 meses que esta coruñesa pasó en prisión se cansó de repetir una y otra vez que nada tenía que ver con la droga que hallaron en su equipaje. No le hicieron caso hasta que se celebró el juicio y se demostró su inocencia. Los mismos agentes que la habían detenido en el aeropuerto declararon a su favor. «Estaba claro que esta chica nada tenía que ver con la cocaína. Los traficantes tienen otra actitud cuando son descubiertos. A esta joven la engañaron. Saltaba a la vista», testificó uno de los guardias. Pero por mucho que saltase a la vista su inocencia, que colaborase con la policía para desenmascarar a la red de tramposos que la engañaron, el juez la mantuvo meses en prisión.
Aquello fue «lo peor» que le pasó en su vida. Fue «un infierno», relata. Y lo peor, su familia, «que ha sufrido más fuera que yo dentro de la cárcel». Y su calvario no quedó enterrado con la sentencia. Ahora teme represalias de las personas a las que delató.
Como ocurre en la mayoría de estos casos, su madre contó a las amigas y vecinos que Tania estaba estudiando en Barcelona. Siempre ocultó lo que le había pasado «porque la gente tiende a pensar que mientes, que si estás en la cárcel es porque eres culpable». Dice que al «sufrimiento» de estar en prisión «por nada» se suma «el daño que produce la humillación pública».
Aquellos 15 meses que pasó en la cárcel, primero en la de Barcelona y luego en la de Teixeiro, descubrió que «en prisión sí que hay gente inocente». Como ella, había más, recuerda. Está convencida de que la Justicia «comete muchos errores». Y no es «un error cualquiera; es un error que te deja marcada de por vida». De hecho, «no existe nada que te devuelva esos 15 meses, no hay dinero en el mundo».
¿Se recupera uno de algo así? «Hombre, hay que mirar hacia adelante. Espero que dentro de unos años deje de soñar por las noches que sigo en prisión».