José carlos azcona y rosario filgueira | Pareja de Boiro que acoge bebés
Tiene todo listo. Los jubones, la canastilla, la cuna. Rosario y su marido José Carlos saben que en cualquier momento pueden recibir la llamada de la Xunta para acoger en su hogar a un bebé recién nacido. «Somos una familia de urgencia. Lo habitual es que tengamos que ocuparnos de pequeños a los que su madre biológica quiere dar en adopción o de hijos de personas que han tenido que ir al hospital por una urgencia o que han ido a la cárcel», explica Rosario.
Esta pareja de Escarabote, en el concello coruñés de Boiro, ya ha acogido antes a dos recién nacidos. Los tuvieron durante las cinco semanas que marca la ley para que las madres que renuncian a sus hijos piensen sobre la opción que han tomado antes de hacerla definitiva. «Los vamos a recoger a la maternidad y tienen una talla triple cero. Luego pasado un mes están con 1,4 kilogramos más y nosotros con dos o tres menos», comenta esta madre de acogida. Porque una vez que llegan «pasan a ser la prioridad del hogar», añade. Por eso hay que tener tiempo. Rosario lo tiene y quiere invertirlo en esto. «Alguna noche es dura. A veces hacen fiesta...», apunta.
Espera
El viernes en Escarabote, Rosario, que tiene 51 años y un hijo que ya supera la treintena, y su marido, José Carlos, de 41, estaban solos. No tienen a ningún niño en acogida, pero han de estar estar preparados porque en cualquier momento pueden recibir la llamada de la Administración. Tienen que estar listos para recibir un nuevo miembro temporal en la familia y, sobre todo, para el día en el que han de despedirlo. «La última noche que están dormimos poco. A veces, nada. Pero también somos conscientes de que la familia que lo está aguardando tampoco duerme. Le hacemos un libro de vida. Ponemos fotos y vamos anotando cómo le gusta la leche, templada o más fría... Tienen varios chupetes para que no se acostumbren a uno... Están cinco semanas, pero hasta la vecina acaba tejiéndoles chaquetitas», cuentan.
Tanto ella como su marido, que preside la asociación de acogedores, tienen claro que es una buena forma de colaborar. «A veces resulta fácil enviar dinero, pero es mucho más emocionante involucrarse», relatan.
La semana pasada el Parlamento aprobó un aumento de las ayudas que el Ejecutivo autónomo ofrece a las familias. Estas varían actualmente entre los 220 y 660 euros al mes, en función del caso. Pero para ellos, «este tipo de cosas no se hacen por dinero». «El Gobierno concede una ayuda que varía en función de la edad o de otros factores. Puede que esa nueva ayuda sea un incremento, pero quizá nos beneficiaría más que arreglaran otros aspectos de carácter burocrático como tener pronto una tarjeta para ir al médico o arreglar los papeles para obtener una plaza en el colegio», apunta Carlos. «A veces, para obtener plaza en el centro que le correspondería al vivir en la casa de la familia acogedora -lamenta- hay que pedir un favor porque están registrados en otra parte».
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