«Es cierto que donde caben tres caben cuatro, o seis, lo que hace falta es tener voluntad y organizarse»
GALICIA
En septiembre el número de mochilas escolares que se colocan los viernes por la tarde en el recibidor de la casa de Isabel, en el concello coruñés de Culleredo, se multiplicó por dos. A principio de curso, sus tres hijos, de trece, doce y diez años, vaciaron algún armario, volvieron a redistribuir habitaciones, literas para dormir y repartieron las tareas que hay que hacer en el hogar. Fue una reorganización rápida para recibir a otros tres hermanos que llegaban desde un centro de acogida en el que habían pasado más de un año. «Habíamos tenido antes otros niños en acogida, pero esta era la primera vez que procedían de una institución. Esperas que al principio estén bien por el día, y al llegar la noche se agobien un poco, vamos, lo normal. Nos sorprendió la buena adaptación», admite.
Pero todo tiene un proceso. Incluso en cosas de la vida cotidiana. Esta madre recuerda cómo un día uno de los niños preguntó dónde estaba la ropa que había dejado en la lavandería hacía una semana. «Tienes que explicarles que en las casas no hay, que lavas cuando vas juntando prendas», explica.
Habla mientras mira como la menor de sus tres nuevos inquilinos juega con una perra caniche. Tiene tres años. No para de correr de aquí para allá. «El primer día que llegó tenía miedo a la perra, pero mira ahora...», ríe la mujer, mientras observa cómo el menor de sus hijos trata de arrebatarle el animal.
«Estos niños ven regularmente a sus padres o familiares, nunca pierden el contacto. Es bueno para las familias, con las que también trabaja la Cruz Roja, que vean cómo sus niños van cambiando y están bien». Recuerda incluso una anécdota que comentó uno de los menores en el colegio. «'Tengo suerte porque en el cole no tengo que pelearme con nadie'. Antes todo lo arreglaba a puñetazos», recuerda. En el hogar de Isabel tampoco reinan los celos. «Mis hijos están acostumbrados desde pequeños a tener gente aquí. La primera vez que acogimos, el mayor tenía solo cinco años», explica.
Esta madre está ya muy acostumbrada a coordinar el horario de todos, y los encuentros con las familias propias. «Eres consciente de que tienes los domingos hipotecados, pero compensa», apunta. Son ya cinco los menores en acogida que han pasado por su hogar. «Queríamos colaborar, pero no adoptar», subraya. Una familia tan amplia sorprende. «Hay gente que nos pregunta: ¿pero no tenéis miedo a que os vengan un día a la puerta para coger a los niños? Eso no ocurre. También hay al que sorprende que, con tres hijos, acojas a otros tres. Pero es cierto que donde caben tres, caben cuatro, o seis. Hay que tener voluntad y organizarse», concluye.