Aunque la mayor parte de los pagos efectuados con la tarjeta de crédito sustraída se refieren a abonos en estaciones de servicio y en peajes de autopista, el ya ex agente de la Guardia Civil también hizo frente con ella a compras en una farmacia, en una tienda valenciana especializada en arte chino, según se desprende de su nombre, y en una conocida cadena de supermercados.
Asimismo, entre otros, también constan pagos en tiendas de Valencia, aparentemente dedicadas al calzado, y el abono de algo más de 120 euros en un restaurante de Arcade.
Estas circunstancias hicieron que se le impusiese una falta muy grave. No en vano, los tribunales militares mantienen que su voluntad estaba afectada por la enfermedad, pero no anulada completamente: «Conocía lo que hacía y quiso hacerlo».
Añade que «el hecho de apropiarse de la tarjeta de crédito de un fallecido, aprovechando además su pertenencia al equipo de atestados, y el hecho de utilizarla luego en beneficio propio de forma tan reiterada son incompatibles, rotundamente incompatibles, con el deber de proteger a las personas y a sus bienes que los miembros de la Guardia Civil han de cumplir cada día».