La esperanza viaja en ambulancia

GALICIA

En las bases del 061, una simple llamada de teléfono es la diferencia entre la tranquilidad y la acción para técnicos y sanitarios que velan el sueño de los gallegos

30 ago 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

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«Tardamos tres minutos en salir de la base y acudimos a lugares que, en teoría, no están a más de veinte de camino; aún así, para la gente siempre llegamos tarde». José Manuel Méndez, médico al frente de una de las dos ambulancias medicalizadas del 061 con base en A Coruña -para sus compañeros es Pitu- sabe bien que el reloj no corre igual para los sanos que para los enfermos o los heridos. Y se pone en el lugar del que espera. Son las nueve de la noche y Pitu comparte turno con Carlos y Óscar, los técnicos, con Marcos, el enfermero, y con Fátima, una residente que está hasta las doce de la noche, aprendiendo sobre el terreno.

La base de A Coruña, ubicada junto al Centro Oncológico de Galicia, en Eirís, fue diseñada para albergar el equipo de una ambulancia medicalizada (un médico, un enfermero y dos técnicos en transporte sanitario), pero ahora acoge a dos equipos completos, así que ha habido que apretarse un poco.

La vida en la sala de estar discurre pendiente del teléfono. No es diferente a una casa donde conviven, comen y duermen los miembros de una familia que no comparten apellido, pero que sí entienden la vida de modo similar.

La alerta puede sonar en cualquier momento y la tranquilidad del local queda suspendida: los bocadillos a medio comer, los sueños a medio dormir, las balas de las películas en el aire... Durante el día, la cosa ha estado tranquila en A Coruña: un obrero mareado en las obras de un túnel del AVE y poco más. A ver cómo se da la noche.

La primera emergencia nocturna salta en pleno desarrollo del España-Polonia de baloncesto. La respuesta es tan inmediata que da lo mismo que los triples los tire Gasol. En menos de los tres minutos reglamentarios, la unidad de Carmen Vázquez, la otra médica de la base, -Belén, la enfermera, y los técnicos David y Chema- sale en dirección a Carballo para transferir a un enfermo que ha sufrido un infarto en Ponteceso y que viene de camino en otra ambulancia.

Todo el personal que está de servicio coincide en que ha caído considerablemente el número de accidentes en carretera, lo que coloquialmente denominan «tráficos». Son muy habituales, sin embargo, los servicios a personas mayores, que sufren patologías asociadas a la edad; Galicia es una comunidad envejecida y todavía lo será más.

-¿No os afecta ver según qué cosas?

-Te acostumbras, es tu trabajo. También es cierto que hay gente que se tuvo que ir porque no lo soportaba. A lo que no te acostumbras es a decirle a alguien que su familiar se ha muerto.

Suena otra vez el teléfono. El equipo de Pitu acude al centro de salud de Arteixo para trasladar a una chica con una crisis de asma. En ese momento, con los compañeros regresando de Carballo, si se diera otra urgencia habría que movilizar a la ambulancia medicalizada de la Cruz Roja; siempre suele haber de quien echar mano.

La siguiente alerta no es plato de buen gusto. Un toxicómano se encuentra inconsciente entre unos contenedores en el poblado de Penamoa, esa A Coruña chabolizada donde la vida es crónica negra. Toca devolver al mundo real a un chaval de Vigo, de 27 años, que ha viajado a propósito al hipermercado de la droga de Galicia. «Siempre ocurre igual, los reanimas, protestan porque los has quitado del colocón y firman el alta voluntaria, no quieren saber nada de los hospitales», explica José Manuel.

Resueltas las tres actuaciones, el resto de la noche transcurre tranquila. En la madrugada del viernes no hay ni un solo aviso de accidente de tráfico en la base de A Coruña. Es una sensación extraña tener la certeza de que todo está bien ahí fuera, de que en toda el área no se está muriendo nadie. Claro que un telefonazo puede cambiarlo todo y, más pronto que tarde, la vida pegará otra sacudida.

Sin novedad en el sur

A 231 kilómetros exactos de Eirís, y 24 horas más tarde, en la base del 061 en el centro de salud de Mos, junto a Vigo, el médico Antonio Casal, los técnicos Caride y Raúl, además del enfermero, que también se llama Raúl, se preparan para lo que pueda traer la madrugada del sábado.

«Con esta tranquilidad -dice Antonio- nunca se sabe; lo mismo es la calma que antecede a la tormenta». Pero la noche será benévola con el turno de guardia, una garantía de que todo está bien ahí fuera.

La base de Mos complementa a la sede que el 061 tiene en el hospital vigués Nicolás Peña, y su ámbito de actuación es muy amplio. El médico explica que, muchas veces, lo más difícil de su trabajo es llegar a los sitios, por culpa de esa manía gallega de construir en cualquier parte, de numerar las casas como cuadre y de jugar a los dados con la toponimia. Así no hay GPS que te saque del apuro. El caso es que siempre llegan.

Aunque a pocos kilómetros del centro de salud de Mos discurre la autovía peor trazada de Galicia, el médico dice que los accidentes más graves no ocurren allí, sino en carreteras secundarias, en zonas como pueden ser Gondomar o Nigrán.

Pero esta noche, nada de nada. Aunque Antonio advierte: «Esto es imprevisible, hay días que sales a las diez de la mañana y no regresas a la base hasta las diez de la noche y otros, como hoy, con solo dos servicios». Pero deberíamos dormir tranquilos sabiendo que el 061 nos vela.