Matar moscas sí, pero no a cañonazos

GALICIA

La actividad extraordinaria para reducir las listas de espera ha sido siempre objeto de críticas. Sea mediante la autoconcertación -pagar a mayores a los profesionales para que trabajen más allá de su jornada laboral ordinaria-, o mediante la concertación con clínicas privadas -pagar a centros sanitarios que no están en la red pública para aligerar estas listas-, estas actividades han sido el blanco de los que acusan a los Gobiernos de querer privatizar la sanidad -cuando se recurre a otras clínicas- o de no optimizar el trabajo en el horario ordinario.

Que las llamadas peonadas deben reducirse a lo imprescindible, porque suponen un presupuesto a mayores y lo pagan todos los ciudadanos, y que debe evitarse su perversión, son afirmaciones que nadie discute.

El Consello de Contas recogía en su último informe esta perversión, constatando que se deriva actividad ordinaria a la extraordinaria y que no se mejoran los índices de rendimiento hospitalario. El hecho de que no haya tarifas uniformes tampoco ayuda a lograr la aceptación de este modelo de horas extras.

Hasta ahí el consenso es prácticamente unánime. El problema que han reiterado con una lógica aplastante sindicatos y colegios médicos tras el anuncio de la supresión de las peonadas es simple. Bien, pero, ¿cuál es la alternativa? El ciudadano no quiere tirar sus recursos, pero si la otra opción es engordar las listas de espera, la salud manda y los impuestos siempre serán bien empleados.

El portavoz de un colegio médico recordaba que entre el 20 y el 25% de la actividad sanitaria se realiza mediante concertación con la privada o con peonadas. Estas últimas supusieron en el 2008 un 16% de las operaciones totales, unas 136 al día. Hablar de supresión y enviar directrices a los hospitales para eliminarlas, así, en frío, pone en jaque a los profesionales.

El objetivo más que loable de querer optimizar recursos públicos sería más entendible si al mismo tiempo -o incluso antes- que se insta a suprimir las peonadas se pone encima de la mesa ya, y de forma clara, qué otras medidas alternativas o posibilidades hay para que esto no derive en un aumento de las listas de espera. De hecho, como en todo cambio, debe haber un período de convivencia y desaparición progresiva. «Si se puede hacer de mañana todo lo que hacíamos por la tarde, menudo pecado teníamos», bromeaba ayer un médico.