La Administración opta por un material que demoró meses la obra y la enfrentó con firmas gallegas
GALICIA
Con una factura final estimada que ya excede en 367,7 millones la inicialmente anunciada (475,9 millones frente a 108,2), la ejecución de la Ciudad de la Cultura sobre un monte de Santiago comenzó en febrero del 2001, a pesar de lo cual hoy apenas ha rebasado su ecuador. Dos años y medio después, el 16 de septiembre del 2003, la consellería entonces dirigida por Jesús Pérez Varela (PP) encargó a una unión temporal de tres empresas gallegas (Campo Lombao, Europizarras e Iberoitaliana de Pizarras) el suministro, por 5.976.243 euros, de 74.300 metros cuadrados de cuarcita asalmonada extraída de una mina de Muras (Lugo) para revestir las cubiertas del Gaiás y alguna de las fachadas.
No obstante, debido a sucesivas incidencias en la cadencia de producción y entrega del material, así como a desacuerdos entre la dirección de obra y los proveedores motivados por la aplicación de protocolos de calidad que estos últimos entendían abusivos, en abril del 2006 aún restaba por colocar un 82,3% del total de planchas. El enfrentamiento, ya en abril del 2008, derivó en una ruptura del acuerdo entre las partes forzada por el bipartito en época de Ánxela Bugallo (BNG). El equipo de la nacionalista, tras meses de bloqueo y con el plácet de Eisenman, optó por solucionar el problema sin licitar un nuevo concurso, importando de Brasil la piedra que restaba por adquirir. Esas compras se financian vía modificaciones de contrato con las constructoras de cada edificio.