El albañil acusado de robar cocaína en el cuartel de O Grove, en libertad con cargos

GALICIA

El obrero dijo al salir del juzgado que lo «implicaron directamente» y que no sabe «onde está a droga»

13 ago 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

El titular del Juzgado número 2 de Cambados, que investiga el robo de doce kilogramos de cocaína en el cuartel de la Guardia Civil de O Grove, ha decretado el secreto de sumario de las diligencias abiertas para aclarar lo ocurrido hace unos meses, cuando desapareció parte de la droga que se custodiaba en el edificio policial y que procedía de un alijo que el verano anterior había aparecido flotando en aguas de las Rías Baixas.

Lo hizo al tiempo que tomaba declaración a la única persona detenida de momento, un albañil grovense que había hecho unas obras en el cuartel cuando desapareció la droga. El obrero, de unos 38 años, llegó a los juzgados esposado y custodiado por agentes a las once y media de la mañana después de pasar la noche en los calabozos policiales, y poco después ya prestaba declaración ante el juez Juan Carlos Carballal, que trata de aclarar lo ocurrido en el cuartel junto con una unidad interna de la Guardia Civil. Esta tiene, además, la misión de depurar responsabilidades internas por los fallos en la cadena de custodia del alijo.

No salió hasta las dos y media de la tarde. Lo hizo solo, sin esposas, y en compañía de una mujer que lo esperaba a la puerta de los juzgados. El juez había decretado su libertad, aunque siguen pesando cargos en su contra, por lo que deberá presentarse cada quince días en los juzgados, donde la investigación sigue abierta.

El sospechoso negó cualquier relación con los hechos de los que se le acusa. «Non sei que pasou, implicáronme directamente porque din que faltou droga do cuartel do Grove, pero eu non teño nada que ver nin sei onde está a droga». Sí reconoció que había trabajado como albañil en unas reformas que se habían hecho en el edificio policial, pero reiteró que él no tenía nada que ver con la desaparición de la cocaína.

Declaraciones de testigos

No piensan lo mismo los encargados de la investigación, que se han basado en los testimonios de distintas personas para proceder a la detención del albañil -se supone que agentes del cuartel que estaban de servicio cuando desapareció la cocaína, aunque se desconoce su identidad-. De hecho, ya había trascendido que tanto el sospechoso como la persona para la que trabajaba habían tenido acceso al habitáculo en el que se había guardado la droga.

Posteriormente el fardo se trasladó a otra habitación cerrada con llave, pero cuando se tomó esa decisión ya habían desaparecido los doce kilos de cocaína. Todas las sospechas recayeron entonces en los obreros, aunque cuando se abrió la investigación no había todavía pruebas que permitiesen inculpar a nadie.

Otra cuestión diferente son los rumores que ya entonces circulaban en la villa, donde días después de que desapareciese la droga ya se sabía que la cocaína se estaba vendiendo en el mercado. Distintas fuentes que conocían lo ocurrido en el cuartel admitieron que al menos alguna de las personas que trabajaron en las obras de reforma era un habitual consumidor de sustancias estupefacientes, e incluso hay quien asegura que en los meses posteriores a lo ocurrido en el cuartel grovense había mejorado su nivel de vida, y que hasta se había comprado un automóvil. Lo que no se pudo confirmar es si la persona a la que se referían esas afirmaciones es el obrero que finalmente fue detenido como sospechoso del robo, dado el hermetismo que rodea la investigación desde que se declaró el secreto de sumario.

Fallo en la custodia

Hace ahora un año apareció una planeadora varada y quemada en la playa de A Lanzada, y días después, los fardos de cocaína flotaban en las aguas de la ría. Los agentes los fueron recogiendo y la mayoría de ellos se incineraron, pero uno de los paquetes quedó en el cuartel de O Grove, y nadie se acordó de él hasta que un guardia se percató de que unos obreros estaban realizando reformas en el mismo lugar en el que se guardaba la cocaína.

Cuando más tarde se pesó la droga, los veinte kilos iniciales ya se habían reducido a ocho, aproximadamente.