El sucesor de Touriño sostiene que vencer el individualismo de la sociedad gallega es una asignatura pendiente de la política
25 jul 2009 . Actualizado a las 22:51 h.Durante el bipartito, el despacho oficial del Presidente de la Xunta dejó de ser el baúl de los recuerdos de cuatro legislaturas de fraguismo. Ahora es luminoso, está en otra planta de San Caetano y la claridad se acentúa con los sillones blancos, los aceros y las puertas color abedul. Dejando a un lado los toques de lujo y los excesos zen, el despacho que Núñez Feijoo ha heredado de Touriño se ajusta más a los tiempos que el que heredó Touriño de Fraga.
-¿Cuántos nuevos amigos le han salido al presidente?
-Amigos, los que tenía. Conocidos, muchos más. Hay conocidos que yo no conozco.
-Tres meses ejerciéndolo, ¿qué es el poder?
-Responsabilidad.
-¡Solo una palabra para algo sobre lo que los humanos teorizan desde milenios!
-A veces me pierdo en las contestaciones. Otras veces soy escueto. El poder es responsabilidad, nada más y nada más.
-¿Qué ha aprendido desde que lo ejerce?
-Que hay que saber escuchar.
-Por algo dicen que tenemos dos orejas y una boca.
-Pero muchas veces utilizamos la boca y no las orejas, aunque hay mucho que escuchar, que aprender. Un presidente tiene como gran obligación la de escuchar. Y luego tiene otra: decidir.
-¿Cuando se acerca a la ventana y ve llover qué siente?
-Me siento feliz. Pero consciente de que tengo por delante una asignatura permanentemente suspendida por los sucesivos Gobiernos autonómicos: la ordenación de las parcelas forestales. Tenemos un tamaño de 1.500 metros cuadrados por parcela media, lo que es un problema estructural enorme. Vamos a actuar sobre la industria forestal y darle una pensada para reestructurar la propiedad forestal, sea por pactos, arrendamientos o arriesgando más. La lluvia no es nuestra política forestal.
-Hay más asignaturas suspensas. Una se la digo yo: las áreas metropolitanas.
-Sin duda. Una de las cosas inconcebibles es que después de haber un consenso para crear la de Vigo, que estoy convencido que arrastraría a otras, se paralizase. Las áreas metropolitanas no son soluciones, sino herramientas que se pueden utilizar bien o mal. Pero suponen vencer el individualismo gallego para sumar capacidades y economías de escala. Las diputaciones también tendrán que perder competencias en las áreas urbanas. La ciudad de A Coruña no tiene que ser el objetivo de la Diputación Provincial.
-Ha dicho «individualismo gallego», ¿por qué?
-Creo que los gallegos somos muy individualistas. Nuestra estructura social, la forma de entender la vida, lo demuestran. Nos gusta vivir de forma dispersa. A los alemanes también, pero ellos tienen un país acabado, ordenado, y nosotros, no. No nos hemos organizado para vender nuestros productos. Es otra asignatura pendiente: exportaciones. Si antes decía que somos más individualistas, también creo que el pueblo gallego es más trabajador que otros. Con perspectiva, veo a una Galicia, ciudad difusa pero única, más culta, más tolerante y con un idioma más.
-Habla del inglés, pero la expectación se centra en lo que hará usted con el castellano y el gallego.
-Para empezar, que se haga una consulta a 350.000 familias me parece útil. A nosotros nos va ser útil para elaborar el nuevo decreto en la enseñanza. Que pidamos seis meses para redactarlo también me parece razonable. Yo creo en la igualdad de las lenguas sin imposición de ninguna de las dos. Y creo que es posible respetar al máximo la libertad, pero teniendo en cuenta que yo voy a promocionar y a proteger el gallego.
-El Estatuto lo obliga.
-Es verdad, pero hay obligaciones indeterminadas y yo esta la hago concreta. De la misma forma que soy consciente de que no voy a poder poner una escuela para cada alumno, lo soy de que en el futuro decreto debe pesar la opinión de los padres. Porque creo que los gobiernos no gobiernan para algunos de sus conselleiros, sino para los ciudadanos.
-¿Le molesta que lo acusen de pecar de revisionismo en sus cien primeros días?
-No me molesta.
-¿Lo admite?
-Honradamente, no. Si nos habíamos comprometido a hacer una encuesta a los padres sobre el gallego, teníamos que hacerla; si íbamos a quitar el nombre de las Galescolas y llamarles lo que son, escuelas infantiles, teníamos que hacerlo...
-En la oposición corren chistes de que ha montado una empresa de demolición.
-Pues yo le contestaría eso de «ni cien días, ni cien minutos, ni cien segundos». Mire, yo estoy intentado convencer a los ciudadanos y, si puedo, a la oposición. Pero por ese orden. Los partidos que pierden unas elecciones que daban por ganadas sufren un impacto. En el 2005, nosotros le dimos 100 días, 200 días, porque nos dedicamos a hacer lo que teníamos que hacer: no improvisar el congreso del relevo de un liderazgo. No estoy valorando a los líderes del PSOE o del BNG, pero el problema que advierto es que se han precipitado en el cambio de liderazgo, y eso tiene un riesgo.
-Hablando de relevos, ¿ha vuelto a hablar con su predecesor en el despacho?
-Unas cuatro veces. Una vez me llamó él para darme una información que le agradecí muchísimo. Hablé más con Touriño en estos cien días que en los cuatro años de oposición. Se lo agradezco y lo dignifica.
-¿Se divisa el Gaiás desde el tejado de Monte Pío?
-No lo sé. El Gaiás no es el expediente del que me sienta más orgulloso de mi anterior etapa en la Xunta, pero todavía no he escuchado a nadie del bipartito que diga esto. ¿Me está preguntando qué voy a hacer? Vamos a decir lo que cuesta, finalizar los tres edificios que están en construcción, urbanizar los accesos y vamos a pensar mucho el seguir con los otros dos edificios proyectados. Dependerá de la economía.
-Pero la utilidad y los contenidos siguen siendo etéreos.
-Necesitamos más tiempo, pero también deslocalizar el Gaiás, abrirlo al mundo. Tiene que ser un proyecto europeo y así se lo planteé a Zapatero. Hemos iniciado la selección de un nuevo gerente y le aseguro que no va a ser un concejal del PP ni un militante del partido.
-¿Hay equilibrio entre gestores y políticos en el Consello de la Xunta que preside?
-Dije que no me gustaría que la gente llegase a aprender a la Xunta, sino que hay que llegar aprendidos, por lo que he intentado traer gente que supiese cómo se gestiona el dinero público, que es lo más sagrado. ¿Perfil político? He recurrido con frecuencia al grupo parlamentario para nombramientos, salvo que ahora se diga que los diputados también son técnicos. Solo gestión convertiría a la Xunta en una sociedad anónima.
-¿Es verdad que nombró incluso a cargos intermedios?
-A cada conselleiro que me ha pedido una opinión para completar su equipo se la he dado.