El galardonado se reserva su opinión sobre el pacto entre el PSOE y el BNG en A Coruña y afirma que sabía que se iban a perder las elecciones en Galicia
19 nov 2009 . Actualizado a las 15:52 h.Cada vez se parece más a Robert de Niro, o Robert de Niro a él. Francisco Vázquez subraya que él representa el compromiso con la Constitución, el espíritu de la transición y otra forma de hacer política.
-¿Cómo reaccionó cuando le comunicaron el premio?
-Fue una emoción tremenda, tan profunda que me emocioné, vamos, que lloré.
-¿Es el premio a toda una trayectoria?
-Es muy bonito tener un reconocimiento público de uno de los premios más prestigiosos y que te sea concedido por tu vocación política y por lo que has ayudado a mejorar la sociedad.
-Se une a una lista ilustre.
-Soy muy consciente de ello. Piense que he compartido en gran medida los galardones año tras año. Me acuerdo como si fuera hoy cuando asistí por primera vez a la cena como alcalde en el año 83, cuando lo ganó Carlos Casares. Yo he visto cómo el galardón ha pasado de una pequeña cena al gran reconocimiento que es hoy. He sido testigo de esa evolución, que ha sido la evolución del propio diario y de Galicia. Y su editor, Santiago Rey, es el que ha pilotado ese cambio extraordinario.
-¿Veintitrés años como alcalde, con un récord de mayorías absolutas?
-Me he retirado invicto de mi ciudad. Un récord aún no igualado de mayorías absolutas consecutiva, seis. Y lo logré en un espacio político dominado por la derecha, en la Xunta, en Madrid. El PP nunca consiguió entrar en La Coruña, porque demostré que se podían hacer las cosas de forma distinta y también sin complejos frente al nacionalismo. Por eso me tiene tantas ganas el nacionalismo. Demostré que, desde la socialdemocracia, se podía llevar a cabo un modelo ajeno a cuestiones identitarias. Una política de obras y de hechos, con una visión universal. [Enumera la Casa de las Ciencias, la Domus, Casares Quiroga...].
-Además ha sido diputado y hasta tentado como ministro.
-Es importante. Yo vengo de la transición, de la clandestinidad. Siempre he defendido el papel de Galicia en España. Tanto así que provoqué un cisma en el socialismo gallego, me enfrenté a Alfonso Guerra y a Felipe para que Galicia no tuviera un Estatuto devaluado. Y publiqué un artículo en La Voz, El agravio comparativo . Así logré que Galicia tuviese el mismo tratamiento de comunidad histórica que Cataluña y el País Vasco.
-¿Su mejor recuerdo?
-El día que se aprobó la Constitución en el Congreso. Fui consciente de que aquel era un momento histórico de verdad, no como ahora que todos son considerados momentos históricos.
-Se le considera un azote de nacionalistas.
-Nooo, pero nunca he tenido complejo en compaginar mi condición de gallego y de español. No es una contradicción. Soy ciudadano del mundo y lo demás son aldeanismos, fruto de complejos. El nacionalismo basado en sentimientos es malo, excluye. Y peor aún si es fundamentalismo basado en principios falsos y en una lectura sesgada de la historia.
-¿Su peor momento político?
-[No duda] El 23-F, el golpe de Estado. Fue tremendo. Estaba allí y volvieron los fantasmas del pasado. A las tres de la mañana me dio una lipotimia. Temí lo peor cuando nos dijeron que iba a llegar una autoridad militar. Pero luego nos dimos cuenta de que aquella era un poco de camelo.
-Ahora, embajador.
-Fui diputado, senador, alcalde, presidente de los municipios españoles y ahora embajador. Lo que nunca me gustó fueron los cargos orgánicos. Yo soy político de urnas. De acción. Siempre acabé dimitiendo de los cargos de partido. Siempre lo dejé.