«Vinimos para mostrar a nuestros hijos otra realidad, pero antes de pasarlo mal aquí volveremos a cruzar el charco»
GALICIA
Primero fue Aragón. Luego Galicia. La aventura de la familia de María Inés Bonet comenzó hace siete años. Su marido, español descendiente de gallegos, tenía una empresa de fontanería en Buenos Aires. Les iba bien, pero España les rondaba en la cabeza. «Los cuatro chicos que tenemos tienen abuelos de acá. Queríamos mostrarles que había otro camino que recorrer», explica esta mujer a través del teléfono.
O lo intentaban entonces o no lo harían nunca. Allí tenían una casa y un negocio, pero querían ver lo que había aquí. Hicieron las maletas y optaron por instalarse en Aragón. «Allí conocíamos a unos amigos, pero solo estuvimos un tiempo. Luego nos mudamos y llegamos a estar cinco años en Santiago. Primero en Arca, en el concello de O Pino, y luego en Milladoiro, en Santiago», recuerda. En Arca estaban bien, pero tuvieron problemas con un vecino, lo que les obligó a mudarse a Milladoiro.
Todo ello fue en paralelo a que, tal y como explica Inés, tuviera que dejar de trabajar por una enfermedad y a que su marido perdiera el empleo que tenía desde hacía tres años y medio. «Tras quedarse en la calle durante unos meses, él halló otro en otra compañía, pero ganaba mucho menos», comenta.
Igual que unos años antes habían sopesado la idea de venir a España, fue en ese instante en el que volvieron a estudiar la opción de cruzar el charco en dirección inversa para regresar a Argentina. «Mi esposo era fontanero y pasó a trabajar en la zanja del gas. Antes ganaba en torno a 1.000 euros y en el nuevo empleo ganaba menos de 800», relata. Los ingresos eran escasos para poder sobrevivir y empezaron a ver una realidad que no conocían. «Comenzábamos a tener necesidades importantes. Nunca las habíamos tenido. Vinimos para mostrar a nuestros hijos otra realidad y antes de llegar a pasarlo mal optamos por volver», alega. Primero pensaron en ahorrar para el avión, hasta que en los servicios sociales les hablaron del programa de trabajo que gestionaba la Cruz Roja. «Ellos pagaron cinco pasajes. Todos, menos el de mi esposo, porque es español», comenta. Tuvo que quedarse en España, ahorrando. Pero hace unas semanas regresó a la lista del paro. «Con el finiquito pagará el billete», comenta. Ahora en Argentina tienen que volver a empezar. Pero para ellos, explica, será probablemente mejor que en Galicia. «Aquí está la familia y conocidos que pueden ayudar», comenta.