«''¡Desclávame el cuchillo, sácamelo!'', me dijo Mari, pero no lo hice porque pensé que se desangraría»
A CORUÑA CIUDAD
En el piso donde se perpetró el asesinato viven Silvia Chance, su hermano Jorge y otro joven peruano, Alfonso. La chica se dedica a cuidar a una mujer, mientras que Jorge y Alfonso trabajan de marineros en sendos barcos del cerco del puerto de A Coruña. ¿Qué hacían entonces en la vivienda María Luz Tapia y su novio, Martín Maquera?
Según explica Silvia Chance, las dos mujeres acababan de alquilar una habitación en la calle General Sanjurjo de A Coruña, y el miércoles estuvieron haciendo la mudanza. Se fueron a descansar un rato al piso de Vales Villamarín. Pero sobre las once de la noche apareció Martín. «Yo le abrí la puerta», recuerda Silvia. Vieron una película en el salón y el hombre se fue a una habitación, a pesar de la oposición de Silvia, que no quería que la pareja durmiese allí.
Víctima de malos tratos
Pero al poco rato Martín volvió al salón «y le dijo a Mari que lo acompañase». Silvia trató de disuadirla «porque andaban con problemas: le había pegado y roto sus cosas hacía poco». Sin embargo, la víctima le dijo a su amiga que estaba celosa de ella. Se levantó y dijo que se iba al baño, «pero se fue a la habitación». Silvia se quedó dormida, pero a las dos de la madrugada la despertaron los gritos de la pareja. Se volvió a dormir, y sobre las seis y media de la madrugada «ya vi entrar en el salón a Mari sin pantalones y con la camiseta llena de sangre». Martín seguía apuñalando a su pareja a pesar de los ruegos de Silvia: «Yo no podía hacer nada más porque temía que me apuñalase a mí también».
El cuchillo quedó clavado en el pecho de María Luz en la última puñalada. «¡Desclávame el cuchillo, Silvia, sácamelo!», le rogó Mari a su amiga mientras ella misma se tapaba la herida con un trapo que encontró en el sofá. «Pero yo no lo hice. Pensé que si se lo arrancaba del cuerpo podía desangrarse», contó Silvia.