Si no fuera por los grupitos de clientes en las puertas sería difícil averiguar que en su interior aún continúa el viernes noche. En Lepanto no hay música más allá de la oscuridad del local. «Nosotros no somos after , es solo que han cambiado las costumbres de salir en estos años y ahora la gente llega muy tarde», recuerda uno de los responsables del Planta Baixa. Sus puertas se abren pasada la medianoche, pero no empieza a haber gente hasta más tarde de las cinco, cuando la mayoría de los pubs de Areal, Churruca y Vinos han cerrado. «Los locales no molestamos, el problema es cuando alguno se queda fuera incordiando. Gritan o hacen jaleo porque van borrachos pero no es nuestra culpa», argumenta el hostelero. Los cánticos de un grupo de fiesteros que caminan en dirección a Gran Vía le dan la razón. Alguno se encara con los transeúntes, que con ignorarlo solucionan el posible problema.
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