El Ayuntamiento ordenó el cese de actividad tras tres semanas de constantes protestas por parte de los vecinos de la zona
Los vecinos de la calle Pintor Joaquín Vaamonde, de A Coruña, empiezan a ver la luz en su particular pesadilla de fin de semana. Por segundo día consecutivo, los after-hours que operaban en dos de los bajos del céntrico vial, situado al lado de la plaza de Vigo, no funcionaron. Todo ello sin llegar al extremo de formar patrullas vecinales ni emplear detectives privados, posibilidades que se plantearon en un primer momento y que despertaron un auténtico huracán en la vida de la ciudad.
El Ayuntamiento movió ficha el pasado jueves. Alegando irregularidades con las dos licencias, ordenó el cese de actividad a los dos locales que todavía funcionaban en la calle. En la mañana del viernes, uno de ellos, La Sala, no llegó siquiera a abrir sus puertas. El otro, el Saqqara, mantenía a uno de sus trabajadores en la puerta informando de que el local no tenía música. Los pocos clientes que llegaban daban la vuelta nada más ver el panorama.
El guión se repitió al día siguiente. Al contrario de lo ocurrido la semana pasada (tras un viernes tranquilo, el sábado los locales volvieron a poner música y la zona se llenó), ayer la fotografía fue prácticamente idéntica a la del día anterior: puertas cerradas, gran presencia policial, clientes habituales desconcertados y rostros de satisfacción, tanto en los vecinos como en las cafeterías próximas. Algunos incluso pudieron ver actuar a miembros de la Policía Nacional que, de paisano, registraron minuciosamente un vehículo estacionado en la zona. El escepticismo que se percibía el viernes entre los residentes en la zona empezaba a convertirse ayer en optimismo.
«Medidas provisionales»
Los portavoces vecinales implicados en la polémica han recibido de buen grado la situación. Juan Chas, presidente de una de las dos federaciones de asociaciones de vecinos existentes en la ciudad, señaló que estaban contentos con las decisiones tomadas, pero que las consideran «medidas provisionales». Tanto él como Gerardo Crespo -el presidente de la asociación de vecinos del Ensanche, que engloba a la calle afectada-, exigieron a lo largo de esta semana el cierre definitivo de los locales.
Sin embargo, la orden del Ayuntamiento se refiere solo al cese de actividad. Es decir, los responsables de ambos negocios podrán abrir pero ejerciendo una actividad acorde a su licencia, la del grupo 1, que engloba a las cafeterías, bares y cervecerías. En este caso se les impide tener equipos de música con amplificación y se les obliga a tener mesas en al menos la mitad del local. «Nosotros pedimos el cierre, pero si quieren funcionar como cafeterías normales lo lógico es que no molesten y no tengan el mismo tipo de clientela», comenta Crespo.
La orden del Ayuntamiento que indicaba el uso que se le puede dar al local fue entregada el viernes a los dueños de uno de los after-hours, el Saqqara. A La Sala no se le pudo entregar al no abrir sus puertas. Ayer, lo volvieron a intentar, pero los agentes de la Policía Local se encontraron el mismo cartel en la puerta: «Hoy viernes este local permanecerá cerrado. Disculpen las molestias». El director de Seguridad Ciudadana, Germán Lago, indicaba ayer que el Concello estaba buscando otras vías para poder comunicarse con los dueños.
De cualquier modo, Lago aclaró que si los locales se adaptan a su licencia deberán pasar una nueva inspección de la Policía Local, que tramitará un informe y luego la concejalía de Urbanismo dictará una resolución sobre ello. Asimismo, indicó que la policía puede inspeccionar y levantar acta si hay irregularidades, aunque no precintar o cerrar los locales en el mismo momento.
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