El ex presidente desata el primer choque serio entre Blanco y Feijoo al justificar de nuevo su apuesta del 2012 para el AVE
31 may 2009 . Actualizado a las 02:22 h.La diplomacia no era precisamente la primera virtud de Magdalena Álvarez, que valiéndose a veces de expresiones chuscas se resistió mucho a confirmarle a Touriño la fecha del 2012 para la llegada del AVE a Galicia. Durante años jugaron al despiste y en un tenso encuentro privado, celebrado en vísperas de que se convocaran las últimas elecciones gallegas, la entonces ministra de Fomento advirtió al ex presidente que lo del año 2012 estaba fuera de la realidad y que insistir en ese plazo sería como entrar en el terreno de la fabulación.
Aun así, Touriño se arriesgó a inflar la gran mentira. Probablemente de buena fe, pues la experiencia vivida con las autovías le hizo ver que establecer para el AVE una fecha objetivo podría servir de acicate para que el Gobierno central licitara los tramos pendientes. No obstante, el resultado del 1 de marzo, como ocurre en el cuento de Andersen, mostró al emperador desnudo y descubrió que la alta velocidad se iba a retrasar dos o tres años, en el mejor de los casos, como se venía murmullando en amplios sectores de la clase política y empresarial gallega.
La llegada de José Blanco al Ministerio de Fomento puso fin a la fábula, permitiendo que Madrid y la nueva Xunta empezaran a ensayar un ejercicio encaminado a decirle la verdad a la gente sobre el AVE. Pero la reaparición de Touriño de esta semana, en la que justificó otra vez su empecinamiento con el 2012, tensó hasta el límite la nueva hoja de ruta, le creó un problema al PSOE y provocó el primer encontronazo serio entre los dos grandes referencias de la política gallega, José Blanco y Núñez Feijoo, que llevó al nuevo inquilino de Monte Pío a atacar con crudeza al Ejecutivo de Zapatero por el «gran engano» mantenido durante años con Galicia.
«El día que Touriño se mostró a sí mismo como el garante del Plan Galicia mordió el cebo que hábilmente le puso Feijoo, metiéndonos de lleno en algo en lo que no deberíamos haber entrado», reflexiona un alto dirigente del PSdeG, que delega toda la responsabilidad del 2012 en el ex presidente y en la presión ejercida sobre Madrid. «A urxencia dos prazos sempre foi cousa de Feijoo e da súa oposición -añade un diputado socialista-, ata que Touriño os asumiu como unha obsesión persoal».
En todo caso, en el PSOE gallego consideran que la página del 2012 pertenece ya al pasado y remarcan, como dijo el nuevo secretario general, Pachi Vázquez, que ahora «hai un novo escenario» y que la batuta en este debate ya no la lleva Touriño, sino el ministro de Fomento, que si algo intenta evitar es el enfrentamiento institucional con la Xunta de Feijoo.
¿Pero quién se atreve a llamar a Touriño al orden? De momento, nadie. El ex presidente de la Xunta se ha quedado solo con su obsesión, saliendo a defender su nombre cada vez que se aviva el debate de los plazos del AVE, por mucho que al PSOE le cause un serio problema que no deberá tardar mucho tiempo en resolver.