Cuando la catedral es un infierno

SANTIAGO CIUDAD

El estudio de flujos del templo recomienda vetar la entrada por el Obradoiro para evitar aglomeraciones como la del pasado 23 de agosto, cuando hubo 1.730 personas a la vez

30 may 2009 . Actualizado a las 02:21 h.

«Santiago é grande», afirma el vídeo promocional de Compostela. La catedral, por desgracia, no lo es tanto, y las aglomeraciones se suceden día tras día. Por eso, el cabildo está convencido de que en el año santo, cuando se acercarán a la capital de Galicia millones de peregrinos, habrá que regular su acceso. El santuario compostelano dice basta cuando por él pasean 1.200 personas, y sin embargo ha llegado a registrar cerca de 23.400 entradas por día. El 23 de agosto del 2008 sobre las losas centenarias de la catedral llegaron a pasear 1.730 personas a la vez. Una cifra insostenible que, paradójicamente, convierte en un infierno pasar por el pórtico de la Gloria.

Por eso, a finales del año pasado se encargó al director del Centro de Estudos Turísticos de la Universidade de Santiago, Xosé Manuel Santos Solla, y al profesor de la Universidad Complutense de Madrid Miguel Ángel Troitiño, la elaboración de un exhaustivo informe que estableciese con exactitud los límites de la catedral de Santiago.

La conclusión fue clara: cada visitante debe disponer de al menos dos metros cuadrados para poder moverse con soltura por los espacios catedralicios. En el 2010, de seguir las recomendaciones del informe, desaparecerán para siempre aquellas jornadas tortuosas en las que se concentraban tres personas por metro cuadrado en el recinto. Cuando se llegue al límite, los portalones del templo se cerrarán. Pero ¿cómo contar las entradas? Sencillo. Según el estudio, solo sería cuestión de instalar dispositivos cuentapersonas, como los tornos de los parques de atracciones.

Sin embargo, y a pesar de que las aglomeraciones son un problema, lo es más el hecho de que los visitantes, y sobre todo los que acuden en grupos organizados, hacen sus paradas en lugares que entorpecen el paso del resto de turistas, por lo que la sensación de agobio se hace aún más apremiante. ¿El recorrido básico? Entrar por el Obradoiro, pararse a admirar el pórtico, dar un paseo por la nave central y escuchar una explicación sobre el altar mayor frente a él. Allí empiezan los problemas. El siguiente punto habitual de parada es el lateral del ábside, justo antes de pasar a admirar el sepulcro del Apóstol. Unos se sientan en los bancos, pero otros deciden quedarse de pie y es entonces cuando se forma un cuello de botella que acaba por minar la paciencia de los visitantes.

Por eso, los encargados del estudio han elaborado dos itinerarios alternativos, en los que se han señalado paradas en lugares poco transitados que sin embargo no entorpecen la vista de los elementos más característicos del templo. La entrada se haría por la puerta de la Acibechería (frente al Seminario Mayor), mientras que hay dos opciones de salida: Praterías o la Quintana. Dentro, los profanos podrían optar por una visita rápida para cumplir la tradición de abrazar al Apóstol y ver la cripta. Los iniciados en la materia dispondrían de un recorrido alternativo que permite pararse en las capillas de la girola.

Se trata, fundamentalmente, de conseguir compatibilizar los usos culturales y religiosos del templo. Por eso, entre las propuestas del informe destaca cerrar permanentemente la vía de entrada del Obradoiro, con excepción de grandes celebraciones religiosas, a las que podría modificarse el horario, o limitar los accesos durante la celebración de misas. El que llegue 10 minutos tarde, se queda fuera.