Las excavadoras se llevaron ayer por delante la casa de una familia de A Estrada y pusieron fin a doce años de pleitos y a dos intentos de derribo anteriores
El dicho popular se cumplió ayer en el municipio pontevedrés de A Estrada. A la tercera fue la vencida. Tras dos tentativas abortadas in extremis , las excavadoras comenzaron ayer el derribo de una vivienda de A Estrada que fue declarada ilegal por la Justicia.
Medio centenar de vecinos madrugaron para mostrar su apoyo a la familia de Ramón Picallo. Un cordón policial cortaba el acceso a la vivienda. En las ocasiones anteriores los vecinos consiguieron frenar las máquinas con tractores. Esta vez, las fuerzas de seguridad utilizaron la estrategia para ejecutar la sentencia de demolición evitando enfrentamientos. Los agentes rodearon la casa el jueves e hicieron guardia durante toda la noche. A las 9.40 horas llegó una excavadora. Cinco minutos más tarde, dos operarios retiraron la pancarta que había sido colocada delante del acceso a la casa y abrieron el portal para dar paso a las máquinas. Demasiado fácil. Entonces llegó el golpe de efecto. Al balcón de la vivienda se asomaron una decena de personas pidiendo la presencia del alcalde para negociar una indemnización del Concello a la familia. En su día, el gobierno local legalizó la construcción y sus ocupantes lo consideran corresponsable de su situación, por lo que reclaman fondos para una nueva casa.
Ayer, los vecinos ganaron en un primer momento la partida. Armados con mantas y termos tomaron la vivienda el día anterior y pasaron la noche en ella. El motín se prolongó hasta que llegaron los cerrajeros. Los atrincherados decidieron ceder en su presión y abrieron la puerta por las buenas. Mientras, los que estaban fuera se esforzaban por traspasar el cordón policial.
A las diez y media la vivienda quedó desalojada y los ocupantes fueron acogidos con aplausos y lágrimas. Entonces entró la excavadora y empezó a ejecutar una sentencia que es firme desde hace más de cuatro años. Agotadas las estrategias evasivas, al propietario le toca vivir de alquiler y agradecer el respaldo social. A su vecina, el papel de mala y la convicción de que la justicia existe. La parcelaria y el apego al terruño tuvieron la culpa de casi todo.
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