El grupo del PP, de un lado, y las dos fuerzas de la oposición, del otro, libraron ayer un tenso pulso sobre cómo han de interpretarse las reglas de juego del Parlamento gallego en la legislatura que acaba de arrancar, cuestión que ha quedado en el aire y que amenaza con dejar mal parado al grupo minoritario: el del BNG. Los populares se escudan en la proporcionalidad que emana del reglamento aprobado unilateralmente por ellos en 1993 para asignarle a cada partido un cupo máximo de interpelaciones y proposiciones no de ley, lo que mermaría de forma radical la voz y la operatividad parlamentaria de los nacionalistas.
El pulso político se libró ayer en la reunión a puerta cerrada de más de una hora que celebró la junta de portavoces, el órgano que se encarga de fijar el orden del día de los plenos. Al término del encuentro, el portavoz del Bloque, Carlos Aymerich, criticó con acritud a la presidenta de la Cámara, Pilar Rojo, y al grupo que sustenta al Ejecutivo de Feijoo por pretender «limitar as facultades dos grupos da oposición» a la hora de fiscalizar la acción del Gobierno.
Los representantes del PP, PSOE y BNG fueron incapaces de establecer un acuerdo jurídico para elaborar las agendas de los debates plenarios, ante lo cual los populares se inclinaron por aplicar a rajatabla lo que dice el reglamento en artículos como el 149.2, que básicamente limita la cuota de proposiciones no de ley y de interpelaciones al Gobierno a una por cada tres diputados en cada período de sesiones, en el que suelen celebrarse una media de ocho plenos.
El PP, con 38 diputados, o el PSOE, con 25, apenas se resintirían con esta medida, pues tendrían derecho a registrar doce y ocho iniciativas, respectivamente, en cada período. El Bloque, con 12 diputados, saldría damnificado, pues si hasta ahora pudo registrar interpelaciones en cada pleno, con el reglamento en la mano su cupo se vería reducido a cuatro por cada período de sesiones.
Rigidez en los criterios
El portavoz del PSdeG, Xaquín Fernández Leiceaga, coincidió con el Bloque en cuestionar la interpretación reglamentaria del PP, pues entiende que introduce «criterios extremadamente ríxidos» con la única finalidad de «desinflar» la labor política del Parlamento.
El popular Manuel Ruiz Rivas, a su vez, adujo que en la anterior legislatura «igualouse aos tres grupos políticos independientemente do seu peso e do número de deputados», e insistió en que ahora el PP no va a pasar por eso. Aun así, los populares accedieron a fijar para el actual período parlamentario, del que solo quedan dos meses hábiles (mayo y junio), el cupo de iniciativas que correspondería para el período completo. Pero si en el verano no hay un nuevo acuerdo interpretativo, el Bloque vería reducido buena parte de su campo de juego parlamentario a partir de septiembre.
Los nacionalistas arrancan la legislatura con el hándicap de tener 12 diputados y no llegar a la quinta parte (15) que marca el reglamento para ejercitar las iniciativas parlamentarias de mayor relieve, como pedir una comisión de investigación, solicitar un pleno, pedir una tramitación de urgencia o una votación por llamamiento in voce . Si hoy volviera a naufragar en Galicia un Prestige , el Bloque no podría presentar una moción de censura contra el Gobierno de la Xunta, como hizo en el 2002.
Estas limitaciones, en realidad, ya las tuvo el Bloque en la anterior legislatura. Pero su alianza con el PSOE en la Xunta le facilitó siempre el mínimo legal para ejercitar muchas de estas acciones, cupo que ahora no tiene tan a mano conseguir.