La mención a Chavea en el oprobioso informe del Defensor del Pueblo hacía referencia al deficiente estado de las instalaciones. En ningún caso al trato a los menores. La asociación que gestiona el centro, una antigua casa escuela con un mínimo terreno a su alrededor, es la primera que admite los problemas y en mayo elevó a la Xunta un proyecto ya visado con un coste de 380.000 euros para construir una nueva residencia en la que tendrían cabida 15 chavales: «Es el número máximo para que la experiencia funcione». La contestación de Vicepresidencia, según la Fundación Lar, fue que no había presupuesto.
La situación, según los responsables del centro, es difícil y Chavea podría cerrar el 31 de diciembre si no se encarrila el cambio de residencia. Hoy, unos chavales tienen que ducharse por la noche y otros por la mañana, porque el termo del agua caliente no da para todos. Hay habitaciones con humedades, a los lavabos les falta ventilación, no hay biblioteca ni otros espacios necesarios y la zona de jardín hasta las vallas es tan exigua que apenas vale la pena jugar al balón. «La sanidad pública te financia una operación de cambio de sexo para que un paciente pueda estar feliz con su sexualidad, pero no tiene dinero para atender adecuadamente a estos chavales», reflexiona un miembro del colectivo.
Lista de espera
A pesar de todo, la estancia media de los chavales en el centro ha pasado de dos años a 6-9 meses. Todos han ido aprendiendo en este proyecto pionero en Galicia. En parte, la reducción de la estancia se ha visto favorecida por la presión de la lista de espera. Nunca hay plazas libres en Chavea. Siempre hay alguien listo para entrar en el nivel 1 y educarse para la vida: «No, aquí ninguno viene de su casa», explica el director. Antes han pasado por otros centros, han sido diagnosticados y, al final, cuando las medidas normales fracasan, visitan la vieja casa escuela y entran en un mundo con límites. Eso sí, pequeño y con humedades. Pero seguro: «Aquí todo está escrito -dice el director-. Esa es la base. Sabes lo que te va a pasar en función de lo que hagas». Se sabe hasta lo mal que sabe cuando se van: «Tendríamos que tomar pastillas para no encariñarnos con ellos».
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