Militares protegidos por la Policía Nacional

L. P.

GALICIA

Estaban muy crispados, pero la visión de varias unidades de la Policía Nacional dentro de la base de la Brilat calentó aún más los ánimos de algunos movilizados. Hubo quien criticó la presencia de los agentes en un entorno militar, al entender que estaban «defendendo aos que destrúen o monte en lugar de ao pobo».

Todo parece indicar que la comisaría desplazó al acuartelamiento varias unidades, al menos tres, a instancias de la propia Brilat. Se da la paradoja de que algunos militares ya habían comprobado que los vecinos de Salcedo, aunque muy enfadados, no tenían, en principio, intenciones hostiles. Eso sí, no tuvieron empacho en obligar a un par de vehículos de la Policía Militar a que dieran la vuelta y se volviesen por el mismo camino por el que habían llegado.

Desde la lejanía, los movilizados fueron comprobando cómo las tropas desplegadas para realizar los trabajos en el monte iban abandonando la labor y retornaban a la base. «¡Fuera! ¡Fuera! ¡Fuera!», les gritaban los afectados, en cuyos rostros se iba dibujando una indignación mayor a medida que recorrían la franja de seguridad y comprobaban cómo el Ejército ha construido canalizaciones de cemento para el agua o cómo se está levantando una serie de estructuras metálicas y de hormigón para la instrucción de los soldados.

«¡O monte é noso!», exclamaban los afectados. Y algunos militares no ayudaban mucho a apaciguar la tensión. A algunos no les gustó nada que los filmaran y mucho menos que hubiese quien se riese protegido detrás de una verja metálica.

Los gritos, en algunos casos, dieron paso a gestos universalmente conocidos -puño cerrado y dedo índice estirado-. En otro momento la tomaron con un valla móvil similar a las que emplean los militares a la hora de montar un control de carretera, que fue desplazada por los aires hacia un lateral del vial en el que estaba colocada.