La unidad de helicópteros, con sede en Vigo, se ha convertido en una herramienta indispensable en las tareas de persecución y prevención de los asaltos a chalés
02 dic 2008 . Actualizado a las 02:45 h.Se la conoce en toda España por su indicativo policial, Cóndor, pero también se le llama Ángel. Es la unidad de helicópteros de la Policía Nacional, cuya sede gallega se encuentra en Vigo. Y está de plena actualidad al ser una de las herramientas clave para tratar de atajar la ola de asaltos a chalés que sufre Galicia.
Tal vez menos conocido es el papel que realizaron durante el verano en la prevención de incendios forestales -una labor que ha llevado a sus integrantes en alguna ocasión a descender con la aeronave en una zona montañosa y sofocar ellos mismos las llamas-, o su trabajo en la recuperación de los fardos de droga que una planeadora abandonó en la ría de Pontevedra.
Con veintiocho años de servicio sobre sus espaldas, el vigués Víctor Nieto, de 51 años e inspector jefe y máximo responsable de la base de Peinador, se encarga junto con el guardés Esteban Carabelos, de 35 años, de patrullar los cielos pontevedreses. Un tercer agente, asturiano, se ocupa del mantenimiento.
Con lluvia y algo de granizo, pasaban de las cinco de la tarde de ayer cuando el helicóptero abandonó Peinador.
Tras sobrevolar el entorno del aeropuerto olívico, el Cóndor comienza un vuelo de vigilancia por las urbanizaciones próximas a la Madroa, en los barrios de Candeán y Cabral. Pronto se recibe un primer aviso: un control a cargo de la Unidad de Prevención y Respuesta en la carretera que une la avenida del aeropuerto con Redondela.
En esta ocasión, las patrullas terrestres no requieren de la colaboración del helicóptero. En este punto, Víctor Nieto no duda en precisar: «Con nosotros aquí, cualquiera que se salte el control lo tendría crudo». Al igual que ocurre con los Centauros madrileños, la aeronave permite a la policía realizar un seguimiento discreto desde el aire sin que el objetivo se percate.
La tripulación se encarga, en estos casos, de ir informando a sus compañeros de los desvíos o de las alternativas que el sospechoso puede seguir. Su visión es mucho más amplia y nítida de la que se tiene a ras de tierra.
El siguiente punto es el barrio de Bembrive, donde hace escasos días se produjo un robo en una casa. La normalidad es la tónica. La patrulla se desplaza a la capital provincial y recorre las áreas urbanizadas donde se cometieron robos. El helicóptero tiene autonomía para cubrir el resto de las provincias gallegas. De hecho, el jueves y el viernes pasado acudieron a A Coruña en el marco del operativo de vigilancia por los asaltos. «Los desplazamientos son en función de las necesidades», matiza Nieto.
Cerca de una hora después de haber partido de Peinador, y tras recorrer Pontevedra y algunas zonas industriales de la comarca, la unidad enfila hacia la base. Mientras atraviesa la ría, se recibe un nuevo aviso. Falsa alarma. Se trata de un buque cuya baliza, aparentemente, se ha mojado y, por tanto, activado.
Horas más tarde, ya de noche, el Cóndor tenía previsto realizar una nueva salida, en la que se iba a emplear un faro de búsqueda, que puede ser con luz infrarroja o visible, el típico foco de las películas americanas.