Aceptó una multa de 900 euros frente a la petición fiscal de año y medio de prisión
Lo hizo porque no podía consentir que un hombre mostrase su admiración por su novia a diario. Así que, cansado de que su compañera tuviese que aguantar todo tipo de piropos -algunos decentes y otros no tanto, tirando a lo obsceno-, Diego Taibo González, en compañía de unos amigos, propinó una brutal paliza a ese obrero que tanto admiraba a su novia.
Ocurrió el 22 de noviembre del 2005 y ayer se celebró el juicio en el Juzgado de lo Penal número 1 de A Coruña. El acusado no quiso entrar en la sala. No había nada que discutir. Asumió su culpa y la multa que le impuso el juez, que asciende a 900 euros, al considerarlo culpable de un delito de lesiones. Le salió bien admitir los hechos, pues el fiscal había solicitado para él una pena de un año y medio de cárcel tras negociar con el abogado de la defensa, Manuel Ferreiro.
Todo esto se fraguó durante semanas. Uno de los obreros que trabajaban en la construcción de un edificio de la calle Orillamar, en A Coruña, expresaba a diario su admiración hacia una joven que pasaba siempre a la misma hora. Según aparece en el atestado, al principio los piropos eran «suaves», de buen tono. Le llamaba guapa, bonita o preciosa, adjetivos que a la chica agradaban, pero a la vez molestaban debido a que aquello se estaba convirtiendo en una rutina «muy molesta».
Aquellos halagos presuntamente galantes dieron paso a otros que rozaban lo indecente. A medida que transcurrían los días, el tono de las alabanzas crecía hacia lo inmoral. Así que la chica ya no lo pudo aguantar más y cierto día se lo comentó a su novio. La chica le confesó que comenzaba a tener miedo, a sentirse acosada, a verse obligada a dar un rodeo muchos días para evitar la obra y el andamio desde el que le gritaban «las cosas más desagradables que una puede llegar a imaginarse».
El desasosiego que aquellos piropos llegó a provocar a la chica agotó la paciencia de su novio, que reunió a un grupo de amigos y sobre las siete de la tarde de aquel 22 de noviembre del 2005 fueron a esperar al obrero a la salida de la obra.
El operario abandonó el edificio en construcción junto a un compañero, cuando le saltaron encima los muchachos, agrediéndole por todas partes de su cuerpo. Le dieron patadas y puñetazos que lo tuvieron 45 días incapacitado. El parte médico lo dice todo: «Policontusionado facial con hematoma bipalpebral, heridas de las que precisó asistencias facultativas para su curación y tratamiento médico continuado».
El obrero, arrepentido, acudió ayer al juicio y rechazó todo tipo de indemnización, sabedor de que lo que hizo «está mal».
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