Un cementerio de vacas en la playa

GALICIA

Mientras Criminalística analiza si son humanos los huesos hallados en un arenal de Foz, los vecinos de más edad revelan que bajo las dunas se enterraban las reses

07 ago 2008 . Actualizado a las 02:36 h.

El misterio que planea sobre los hallazgos de hasta tres huesos en la playa focense de Llas parece no ser ningún secreto para los lugareños que ya han cumplido los sesenta. A la espera del resultado de los análisis del laboratorio de Criminalística de la Guardia Civil en Madrid para confirmar si se trata de restos humanos, los labradores ya jubilados recuerdan cuántas veces usaron las dunas como lugar para enterrar las vacas que fallecían de enfermedad o los terneros que nacían muertos. Más conocido como Os Ceás, el lugar sirvió de cementerio de burros, cerdos y otros animales imprescindibles en la economía doméstica rural del siglo pasado.

La necesidad de buscar un lugar fácil de cavar y lejos del hogar para evitar posibles enfermedades convirtió las dunas en un camposanto para animales empleado por vecinos y foráneos. No es un caso excepcional. Sepultar reses muertas en las colinas de las playas fue una práctica extendida por prácticamente todo el litoral gallego.

Ramona y Pepe fueron testigos de algunos enterramientos. El hallazgo de los huesos no los conmueve; los invita a refrescar la memoria para remontarse a una época anterior a las directrices de la Dirección General de Costas y exenta de férreos controles veterinarios. Entonces, preocupaba cuidar la hacienda para esquivar el hambre.

Los primeros bañistas

«Daquela, nos anos sesenta, ninguén ía bañarse á praia, e as vacas mortas nos Ceás non molestaban», precisa Ramona. Foz no siempre fue la « perla da Mariña » con cinco banderas azules ondeando en sus playas -una en la de Llas- ni una localidad que triplica su población en verano. «Antes só viñan bañarse as carolas [veraneantes], só por uns días. Viñamos á praia só para ver como chegaban e arremangaban as saias», recuerdan dos jubilados que viven cerca. Son ellos los que explican que incluso la playa -situada a pocos kilómetros del centro- se repartía entre los vecinos del barrio de Marzán: «Da metade da praia cara ao Cu do Castro era para que enterraran os de Sieiro, Pena Parda e tamén viñan os de Forxán, e a outra parte, para os da fonte». Un pacto respetado, que contemplaba el derecho de uso por parte de labradores de otras parroquias vecinas.

El camposanto en Os Ceás funcionó hasta que llegaron los turistas. Posteriormente fue trasladado a la escombrera habilitada por una fábrica de cerámica próxima, hoy cerrada.

Los secretos de la cultura agraria salen a la luz en la etapa posterior a la moda del cemento en los paseos marítimos. El Ministerio de Medio Ambiente emitió recientemente un diagnóstico poco alentador sobre la conservación de los sistemas dunares de A Mariña; sufren fuertes alteraciones por obras públicas y actividades privadas, y solo dos de los once existentes se encuentran en buen estado de conservación.

Los vecinos de más edad del barrio de Marzán recuerdan las imponentes dunas que hace años bordeaban la playa de Llas. Se apuran a criticar el uso de máquinas pesadas para realizar tareas de limpieza y el taponamiento de regatos que vertían al mar: «Acabarán saíndo máis ósos, porque o mar cada vez come máis praia».

Y mientras el vicepresidente de la Asociación de Educación Ambiental y del Consumidor, José Palacios, elogiaba ayer el nivel de limpieza de los arenales con bandera azul de Foz, el responsable de Protección Civil, Santos Marqués, confirmaba que siguen a la espera de los resultados de Criminalística. En los tres casos de hallazgos de huesos por parte de bañistas, los socorristas dieron parte a la Guardia Civil y a la Policía Local. Si finalmente los restos enviados son humanos, será necesario cotejar el ADN con los archivos policiales para ver si coinciden con el de algún desaparecido.