El sospechoso, de 20 años, intentó arrojar a la víctima, de 11, desde un tercer piso
El joven de 20 años que fue detenido en la tarde del viernes por agentes de la Policía Local de Ourense después de haber retenido y agredido brutalmente a un niño de 11 años, se había escapado apenas una hora antes de un centro de menores en el que cumplía condena por haber asaltado a otro adolescente en Vigo.
Los propios responsables del centro Montealegre confirmaron que el sospechoso, A.?G.?A., había logrado fugarse del recinto a las cinco de la tarde, por lo que, según el relato de los hechos, no tardó ni una hora en volver a agredir a otro menor, en este caso un escolar que regresaba a casa desde el colegio y que tuvo la mala fortuna de topárselo en su camino.
Y es que según las investigaciones agresor y víctima no se conocían. Todo apunta a que A.?G.?A. huyó de la institución que tiene la obligación de custodiarlo y reinsertarlo y, caminando una distancia de dos kilómetros, llegó hasta el centro de la capital. Se acercó a un portal y vio a un niño que estaba a punto de entrar en él, así que lo cogió de la mano de forma brusca y se lo llevó. Nadie vio nada.
Durante los minutos posteriores, seguramente los peores de la vida del chico, el agresor arrastró al menor por varias calles, hasta llegar a otro portal en el que, tras tocar el timbre el adulto, lograron entrar. Entonces, sin apenas mediar palabra con el chico, el asaltante lo subió por las escaleras hasta el tercer piso y trató después de arrojarlo desde la ventana del descansillo. No lo consiguió porque el niño, pese a los nervios, logró zafarse y se le escurrió de las manos, huyendo escaleras abajo hasta que su atacante volvió a cogerlo. Ningún vecino debió de oír nada porque, una vez más, el agresor logró llevarse al chico.
Con un ladrillo en la cabeza
Esta vez ambos recorrieron una distancia mucho más larga, cerca de un kilómetro, hasta que llegaron a un descampado situado a las afueras de la ciudad, frente a una zona en la que se ubican numerosos concesionarios de automóviles. Allí el pequeño comenzó a recibir puñetazos de forma repetida e incluso recibió un fuerte golpe en la cabeza, que su agresor le propinó utilizando un ladrillo. Es probable que la paliza hubiese sido aún mucho peor si no hubiese sido porque, casualmente, una chica pasó por el descampado en ese momento.
Al verla, el pequeño pudo levantarse del suelo y, corriendo, se abrazó a ella sin poder parar de llorar. Por fortuna, la presencia de la chica hizo huir al agresor aunque sería detenido minutos más tarde, gracias a la rápida acción de los agentes policiales, que acordonaron la zona y dieron con él. Ni siquiera negó los hechos y, horas más tarde ya en comisaría, fue reconocido tanto por la víctima de la paliza como por la desconocida que lo salvó.
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