Los populares parecen haber arrinconado la política del idioma defendida por Fraga
26 ene 2008 . Actualizado a las 02:00 h.El foguete preelectoral lanzado por Mariano Rajoy para garantizar por ley la enseñanza del castellano «en toda España y en todas las etapas educativas» provocó algunos chispazos en el PP de Galicia e incluso sorprendió con el pie cambiado a Alberto Núñez Feijoo que, muy cauto y usando el gallego, se reservó su opinión hasta conocer por escrito el programa de los populares. La matraca de Rajoy cumplió el propósito de llevar al primer plano el debate identitario, donde el PP brega con soltura con el PSOE y los nacionalistas, aun a riesgo de causarle un daño irreparable a la imagen galleguista del PPdeG.
Es cierto que el partido de la gaviota siempre mantuvo períodos de mayor o menor fidelidad con el galleguismo político. Pero desde las autonómicas de 1981, con aquel lema de Galego coma ti, supo preparar bien su estómago para engullir ese nacionalismo templado representado por los restos de Coalición Galega o los cuatro diputados de Centristas de Galicia que, en 1989, se pusieron la camiseta del PP para darle a Fraga su primera mayoría absoluta.
Eran otros tiempos. Tiempos en los que el PPdeG instauraba los símbolos identitarios de Galicia, promulgaba una ambiciosa Lei de Normalización Lingüística que se encargó de rebajar el Constitucional o en los que Fraga actuaba como el ideólogo del galleguismo de la «autoidentificación» y se emocionaba citando a Castelao.
Pero todo eso ha cambiado. En el PPdeG acostumbran a estimar que su alma galeguista equivale a entre 3 o 4 diputados en O Hórreo. Cuando hace menos de un mes tenía lugar el sepelio del ex conselleiro Xosé Cuíña de algún modo «se enterró también al PP gallego», razonó un miembro de la ejecutiva de los populares. El mismo político que consideró «estéril», al menos en Galicia, el empecinamiento de Rajoy y de la dirección nacional en azuzar debates identitarios que a poco más contribuyen que a darle alas al Bloque o a empujar al PPdeG hacia posiciones políticas extremas.
De todas formas, no todos en el partido comparten la tesis de que el escoramiento alentado desde Génova vaya a tener un coste electoral en Galicia. Uno de los conselleiros más destacados del último tramo del fraguismo asegura que «el PP en Galicia siempre tuvo la G y la sigue teniendo». Y agrega: «Es posible que el discurso de Mariano nos haga perder el apoyo de algunos intelectuales, pero no los votos porque es el discurso que conecta con la gente».
Las generales del 9-M, en cualquier caso, brindarán una oportunidad muy difusa y parcial de comprobar en qué se queda el galleguismo del PPdeG. La verdadera lectura llegará con las autonómicas del 2009, cuando Feijoo tenga que confrontarse con las marcas logradas por el Fraga galeguista y el Cuíña que quería llegar hasta la frontera de la autodeterminación.