La persistente sequía que desde septiembre se ha instalado en Galicia por la ausencia de borrascas que traigan las lluvias de otoño ha propiciado cambios en algunas cosechas y que se ponga la alarma roja por la situación de los embalses, 30 puntos por debajo de lo que sucedía hace doce meses. Sin embargo, la posibilidad de restricciones en el servicio a los hogares son muy limitadas a corto plazo.
Si se cumplen las predicciones más pesimistas -hasta mayo con lluvias poco intensas- podrían darse casos «pero en zonas y para usos muy puntuales», explica Alejandro Maceira, experto en gestión de aguas. «Hay que prevenir, no alarmar», apostilla. Por ejemplo, el embalse de Cecebre (abastece a la zona de A Coruña), como detalló la Xunta esta misma semana, ya estuvo igual de bajo en el 2001, con un almacenaje que no llegaba al 30% de su capacidad.
Hay además un protocolo que las Administraciones suelen mantener ante situaciones de este tipo. Los primeros pasos para una restricción se dan en el baldeo de calles u otros usos municipales como el riego de jardines; posteriormente se va a los usos industriales y agrícolas y en último caso a los hogares. Hay casos próximos: en Cantabria hubo restricciones hace justo un año en el entorno de Santander. Andalucía ha aprobado ya decretos de sequía que restringen el uso de agua para el consumo en ese tipo de empleos; y hay un tope de litros por vecino.