Recuperar a los escolares agresores y reducir los conflictos definen el proyecto de su centro desde hace 10 años. «Los malos ejemplos, como el de Boiro, son peligrosos», asegura Olano
10 nov 2007 . Actualizado a las 16:32 h.Mariasum Olano Larrabaster dirige el colegio Zamakola, en Bilbao, que recibió el primer premio de buenas prácticas de convivencia del Ministerio de Educación y Ciencia. Olano estuvo ayer en Ourense para ofrecer una conferencia sobre las experiencias de este centro y opinó sobre los últimos casos de violencia en las aulas.
-Las agresiones entre alumnos están de plena actualidad. ¿Es un problema nuevo o siempre ha existido?
-Ha habido siempre, pero ahora somos más sensibles. Es como el maltrato a la mujer. No me creo que haya más, pero ahora estamos más sensibilizados. Antes te enterabas de lo que ocurría en tu pueblo, pero ahora sabes lo que pasa en Galicia, en Almería y hasta en Finlandia. Solo hay que ver el caso de la última masacre [ocurrida el miércoles en un instituto finlandés]. El conflicto es algo consustancial en la vida. Existe en las familias, en los colegios, y lo importante es saber resolverlo de manera dialogada y consensuada, sin que se rompa la relación. El primer paso es prevenir el rechazo, que los niños tengan en cuenta que los débiles o los que tienen problemas con sus habilidades sociales son también parte de la comunidad educativa.
-Las nuevas tecnologías han servido para generalizar el conocimiento de estos casos. ¿Cree que ha sido positiva la difusión de las imágenes de lo ocurrido en Boiro?
-Creo que no se deberían haber emitido porque en la educación los malos ejemplos, como el de Boiro, son muy peligrosos. Una cosa es que se dé la noticia y otra que se llegue a lo morboso. Además, este tipo de cosas asustan a los padres y les hacen ver acoso y violencia donde no hay. Creo que habría que mostrar más las buenas prácticas, los buenos modelos. Precisamente el otro día leí que en una cultura de la Polinesia se nombraba héroe del pueblo a la persona que honraba al débil, y creo que hay que rescatar esa idea.
-¿Qué se debe hacer con el agresor?
-Educarlo. Hay que hacer programas serios de intervención y trabajar con el agresor porque es un chaval que sufre. El que es feliz no agrede. Además, hay que trabajar mucho con el espectador pasivo. Hay casos en los que nadie actúa, pero eso es reflejo de lo que ocurre en la sociedad. Solo hay que ver lo del tren de Barcelona. Lo que más me impactó es el señor que vuelve la cabeza y no interviene. Ese es el ejemplo que estamos dando. El espectador pasivo es muy importante para solucionar estas cosas porque se hacen delante de un público y se hacen por algo, por tener un espacio social. A veces los que agreden no van bien en los estudios, por ejemplo.
-¿Debe haber cambios de centro o medidas más radicales?
-Yo creo en las medidas educativas, de modificaciones de conducta. En principio no cambiaría de centro a los agresores, aunque depende de cómo lo lleve la víctima y de otros factores.
-¿Por qué un chaval acaba pateando a un compañero?
-¿Qué valores sociales estamos transmitiendo? ¿Qué películas estamos viendo? ¿Qué valores primamos? El valor del fuerte, del competitivo. La escuela no es más que un reflejo de la sociedad. Hay que tener en cuenta que en la escuela estamos trabajando contra cultura.
-¿Debe intervenir la escuela cuando los conflictos tienen lugar fuera de las aulas?
-En los pasillos, en los servicios, pero sobre todo en los patios es donde se dan la mayoría de los conflictos. Nosotros lo que hicimos fue convertir el patio escolar en un espacio educativo. Era un lugar dominado por los niños mayores y con muchos conflictos porque los niños se habían olvidado hasta de pedir disculpas. Implicamos a todo el profesorado, les dimos materiales y les enseñamos a jugar. Además, distribuimos equitativamente el patio, creamos turnos y nos dimos cuenta de que era más importante de lo que pensábamos en un principio. En el patio es donde el niño se manifiesta realmente como es.
-¿Cómo se abordan los conflictos en su centro?
-Tratamos que los solucionen entre ellos, pero cuando no pueden hacerlo tenemos unos niños, de quinto y sexto de primaria, especialmente formados para mediar y también tenemos lugares donde actúan llamados adostokis. A dos significa acuerdos y tokis, lugares, es decir, lugares para llegar a acuerdos.
-¿Hubo menos conflictos graves desde entonces?
-El nuestro es un proyecto preventivo. Nosotros llevamos ya muchos años, pero no porque hubiera un problema serio. Había pequeños conflictos, pero eran excesivos. Con el programa, al enseñarles a jugar, darles materiales y formarlos, redujimos mucho los enfrentamientos.