Algunos jóvenes de Boiro piden a los informadores hasta cien euros por ceder las imágenes de la acción

La Voz

GALICIA

03 nov 2007 . Actualizado a las 02:00 h.

«Este vídeo vale o seu peso en ouro», comenta en tono burlón en la filmación el joven que grabó la brutal paliza de Boiro hace ahora doce días. El tiempo parece haberle dado la razón a este menor, ya que la vorágine de medios desplazados hasta la zona portuaria de Escarabote solicitando el polémico vídeo provocó que algunos jóvenes pidiesen hasta cien euros por ceder las imágenes.

Esa cifra es confirmada por C., de 15 años y vecina de Escarabote, que estaba sentada con un grupo de amigos en el parque frente al centro social de la parroquia. La esclarecedora secuencia ofrecida por la menor es la que sigue: «Chegaron dalgunhas televisións preguntando se sabiamos de alguén que tivese o vídeo, e eu respondín que si. Entón os xornalistas quixeron saber canto pedía por el. Un compañeiro que estaba ao meu lado contestoulle que cen euros. "Ni de coña, te doy cinco", díxolle o periodista. "Por eses cartos non cho vendo, porque as teles gañades moito", contestou o mozo. O outro díxolle que vinte euros e que era a súa última oferta. E o rapaz contestoulle: "De acordo"». Y se cerró el trato.

«40 euros no meu peto»

C. afirmó que «entre onte [por anteayer] e hoxe [ayer] saqueime 40 euros, que non está nada mal». El argumento esgrimido por esta chica para justificar la venta de las imágenes de la brutal paliza sufrida por su vecino y conocido T. fue que «se o fan os demais eu tamén, xa que así gañei uns cartos sen facer nada».

En previsión de que este mercadeo pudiese llegar a generar pingües beneficios entre la chavalada boirense asentada en la zona portuaria de Escarabote, algunos jóvenes se afanaron en recuperar el vídeo que ya habían borrado de sus móviles tras haberse aburrido de verlo. «Falei cun amigo para que mo pasara de novo; logo baixei a Escarabote e esperei a que viñeran os da tele», comenta otro joven que no quiso identificarse. Según él, hubo un medio de comunicación «que pagou 60 euros a tres rapaces por ceder as imaxes: 20 para o que deixou o móbil; outros 20 por deixar o cable para transvasar o vídeo; e outros 20 para o que foi a buscalo á casa para facer a conexión», relata sin tapujos.

Al volver junto a C., la joven de 15 años, se le pregunta si le hubiese gustado que los conocidos y amigos de toda la vida, y justo delante de su casa, estuviesen pasando el vídeo de una paliza en la que ella fuese la triste protagonista de la historia. La respuesta ofrecida por la menor es directa y concisa: «Non, claro que non», pero a renglón seguido espeta: «Síntoo moito polo rapaz, o que ocorre é que non fun eu a agredida; ademais, se non o fago eu, faino outro, así que prefiro os 40 euros no meu peto que no doutro neno».

La madre de la menor está presente en el transcurso de la conversación. El silencio fue la respuesta de la progenitora ante las contundentes palabras de su hija.

Vorágine

Según discurría la mañana, los medios audiovisuales y escritos iban tomando la zona portuaria de Escarabote. También lo hacían los menores, que se iban sentando en los bancos que están delante de la biblioteca y del centro social de Escarabote.

Algunos lo hacían para salir en los informativos del mediodía, pero otros «veñen a ver se alguén quere o vídeo para vendelo ao que máis pague por el», sentencia un menor, señalando a un grupo de muchachos sentados en el parque.