Noelia es una mujer maltratada. Por la vida y por su marido, dice. Este año está resultándole un tormento. Le detectaron nódulos pulmonares y su esposo juró que la mataría. La amenaza la hizo en público y en privado el 27 de julio, cuando el matrimonio ya agonizaba.
Noelia le echó en cara a su esposo que gastase el dinero en el bar sin importarle las estrecheces por las que atravesaba la familia y él se lanzó contra ella. Hoy se lamenta por haberle reprochado el haber dilapidado el sueldo. Ahora piensa que lo mejor hubiese sido denunciarlo de una vez por todas y huir de casa con sus hijas, sin esperar su desatada y cruel respuesta. Pero esta vez no se echó atrás como otras, que acudía a la comisaría para contar que su marido la había golpeado y luego retiraba la denuncia «por nuestras dos hijas». Lo perdonó en los tribunales hasta cuatro veces. Pero en junio ya no aguantó más y llevó la denuncia hasta las últimas consecuencias. Tras lograr huir de su esposo cuando éste intentaba agredirla, el hombre fue detenido y desde entonces está en prisión a la espera de que se celebre el juicio.
Pero que él esté en la cárcel no le condona el dolor que la atraviesa. A Noelia ya no le pega nadie ni le llaman «calva estúpida», porque el fuerte tratamiento la ha dejado sin pelo, pero el haber tomado la decisión de denunciarlo la ha dejado «en la más absoluta de las miserias», dice. No tiene más ingresos que los 390 euros que le corresponden por el paro, la van a echar de su piso de alquiler porque no lo ha podido pagar desde julio y sus hijas y ella comen gracias a sus padres. Denuncia que, por el momento, solo Cáritas se ha preocupado. Y asegura que jamás pensó que las maltratadas «quedaban tan desamparadas, a la espera de que los juzgados tramiten las ayudas que les corresponden» en virtud de la Ley de Violencia de Género. «Tengo que esperar seis meses para que me concedan la prestación, que consiste en una paga única de 5.000 euros o un sueldo de 600 mensuales durante un año», afirma una mujer que se pregunta de qué va a vivir hasta que le concedan el subsidio.
Noelia ha vivido varios días en una casa de acogida. Pero no quiere volver allí. «No cometí ningún delito para estar oculta en ningún lugar», dice. Ni siquiera cree que «sea ese el lugar idóneo para criar a las niñas». Esta mujer piensa que toda esa propaganda institucional que anima a las mujeres maltratadas a denunciar y que promete todo tipo de amparo «no es del todo cierta».