Una plaga de pulgas asola una parroquia de Muíños

MUÍÑOS

Las calles están siendo regadas con un insecticida

22 ago 2007 . Actualizado a las 02:12 h.

En la localidad de Parada de Ventosa, en el municipio ourensano de Muíños, los vecinos discutían ayer con los dos operarios municipales que, con trajes plásticos blancos y mascarillas, habían sido enviados al pueblo para regar sus calles con una máquina sulfatadora manual armada con un insecticida de uso ganadero. La singular batalla química tiene como protagonistas a unos animales tan diminutos como molestos: las pulgas, que este verano se han convertido en una auténtica plaga.

«Pos roupa limpa na cama e pola noite vaste a deitar e cando retiras a colcha, xa as ves», relata Isabel. Sus hijos, Santi y Tamara, tienen los brazos, las piernas y la barriga llenas de las heridas que ellos mismos se producen al rascarse. Pero no son los únicos. Las pulgas no entienden de edades ni orígenes y prácticamente todos los que viven en el centro del pueblo pueden mostrar sus «heridas de guerra», como les llaman los más jóvenes. Laura Valbuena es una treintañera que pasa sus vacaciones en el pueblo y muestra la mayor concentración de picaduras por centímetro de piel. Pero también han atacado al señor Delfín, que tiene 80 años y ha vivido siempre en esta localidad del municipio ourensano de Muíños. «En toda a miña vida non teño visto nada semellante», comenta el octogenario.

Dos meses de plaga

El suplicio, y las visitas al médico para conseguir pastillas que mitiguen el picor y pomadas para las heridas, dura ya dos meses. Los vecinos lo acreditan con la carta entregada y sellada en el registro del Concello de Muíños el 25 de junio y comentan que la solución de los fumigadores llega tarde y no será efectiva. «Esto non sirve para nada, en tres días estamos igual, porque o que había que facer era poñer un bando para que os veciños tivesen tamén veneno que botar ao mesmo tempo nos seus patios, e que saneen os cortellos», explicaba José Antonio Ramos al operario de la sulfatadora.

El resto de los vecinos apoyan su argumentación. Tienen la teoría de que un corral con cabras que está en el centro de la localidad es el foco que mantiene viva la plaga. «Estes animales son dos que máis enxendran, non se comparan nin con cans nin con pitas nin con ningún gando», explica desde la experiencia de muchos años el señor Delfin.