Otra política de drogas es posible

Carlos Varela

FERROL

Las políticas de drogas actuales provocan más víctimas que las que pretenden evitar. La cita de Albert Einstein, puede utilizarse perfectamente para exponer lo que se espera de estas: «Locura es hacer lo mismo una vez tras otra y esperar resultados diferentes».

El estatus de ilegalidad de las sustancias estupefacientes y la prohibición de su consumo, justifica la mal llamada guerra contra las drogas y su estructura prohibicionista. Esto no es un hecho baladí, sino que es el principal argumento de las políticas de drogas que solo benefician a los narcos. En este sentido, sabemos que estas políticas generan una serie de problemáticas, y todas ellas negativas:

Criminalización de los consumidores. Las cárceles están llenas de consumidores que han sido intervenidos con pequeñas cantidades de droga, o bien para su propio consumo o bien por el menudeo (para abastecer su consumo).

Goteo incesante de muertes. El mercado negro de las drogas, implica que estas no se sometan a controles de calidad, que se consuman en entornos no seguros y, por lo tanto, sus usuarios corran riesgos cada vez que las consumen y se produzcan muertes que pueden ser evitables.

Ingentes cantidades de dinero para desarrollar las políticas. El coste económico en los aspectos jurídicos, policiales y penitenciarios podría ser utilizado en prevención, asistencia, tratamiento e investigación. Por otro lado, los beneficios derivados del narcotráfico se depositan en paraísos fiscales, evitando cualquier control y fiscalización sobre ellos.

Violación de derechos humanos fundamentales. Hay países que ejecutan con la pena capital la tenencia y consumo de drogas, los narcos secuestran y asesinan a miles de personas cada año.

Es tiempo de eliminar prejuicios y cuestiones morales que nada aportan al debate que se tiene que producir, más temprano que tarde.

Miremos las experiencias que aportan beneficios e investiguemos las mejores fórmulas para aplicar políticas de drogas eficaces porque, aviso a navegantes, la vida de miles de personas está en juego.

Otra política de drogas es posible.