Lo decía ayer el profesor Juan Luis Montero Fenollós, que se disponía a pronunciar en la Cátedra Jorge Juan una conferencia sobre la campaña de excavaciones que dirige, desde hace seis años, a orillas del río Éufrates: «Los arqueólogos somos mucho más que descubridores». «Los hechos arqueológicos no hablan por sí mismos del pasado», y añadía: «El arqueólogo no halla palabras o conceptos, sino restos materiales a los que hay que dar un sentido histórico. Si los objetos hablaran por sí mismos -dice Montero Fenollós-, nuestro trabajo sería mucho más fácil».
El profesor e investigador de la Facultad de Humanidades volverá al valle del Éufrates en la primera quincena del mes próximo para iniciar la séptima campaña del proyecto, que tendrá su epicentro en el área de Tell Humeida, un yacimiento cuya antigüedad se sitúa en torno al año 3.500 antes de cristo y que está vinculado a la cultura de Uruk. Por tanto, a la primera civilización que generó un sistema de escritura.
«Si hay suerte -dice Montero- es posible que encontremos tablillas con textos, aunque ese no es el principal objetivo; lo que nos interesa es saber cómo pensaban y cómo vivían esas gentes que inventaron la escritura». En mayo, el arqueólogo excavará en otro yacimiento distinto: una fortaleza de la civilización asiria del siglo XII antes de Cristo donde ya ha encontrado tablillas de escritura cuneiforme.
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