Documentación
Cuando en enero de este año LM Composites echó el cierre definitivo en As Pontes a la fábrica de palas para su ensamblaje en aerogeneradores eólicos, borró del mapa una factoría que llegó a producir 6.440 unidades en diez años, es decir, 54 cada mes. Las principales causas que provocaron el declive de las instalaciones del polígono de Os Airíos fueron el derrumbe del mercado eólico y la falta de espacio para elaborar productos de mayor tamaño que, poco a poco, fueron copando este segmento de la producción eléctrica.
De hecho, cuando la firma danesa comenzó su andadura en la comarca, el 2 de febrero de 1997, lo hizo laminando aspas de 15 metros de largo. Las últimas unidades que salieron de As Pontes tenían 29, pero en el mercado mundial ya se ha llegado a los 35 metros de largo. Unas dimensiones que no se podían alcanzar en la parcela desde la que operaba la compañía eólica.
Pero, al margen de este importante problema de espacio, detrás del cierre de LM Composites en As Pontes, aparecía el fantasma de la crisis económica. Desde el derrumbe de los mercados financieros, hace aproximadamente dos años, las inversiones en energía eólica se han desacelerado. Solo el empuje de algunos países asiáticos y del continente americano permiten a las compañías de este sector mantener parte de su producción. Sin embargo, la caída en los pedidos obligó a la mayoría de las empresas a realizar ajustes tanto en sus fábricas como en los centros de trabajo que se dedicaban a prestar servicios a los clientes.
La decisión de LM Composites de abrir un centro logístico en As Pontes puede significar un paso más en esta dirección.
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