El montaje de la atracción de esta familia de feriantes lleva entre tres y cuatro días. Yolanda asegura que si se trata de una barraca más compleja puede superar este tiempo. «La feria ha convertido a los empresarios del sector en una gran familia. Si hay que echar una mano se echa, porque este es un trabajo muy cansado que no siempre puede hacerse solo con la ayuda familiar».
Señala que los ingresos dependen mucho del clima, y que en Galicia no hay una garantía de que este invite a los vecinos y a los turistas a visitar las fiestas. Sin embargo, en lo que va de verano el tiempo los ha acompañado, por lo que Yolanda se muestra satisfecha con lo andado. Sus hijas han hecho amigos en cada destino y los municipios las han acogido como si fueran vecinos.
Aunque los kilómetros se hacen en autocaravana para llegar a los festejos de destino, de octubre a mayo la familia de Yolanda vive en una casa convencional: «Muchos no entienden que la feria es un negocio como otro cualquiera, y que nuestra vida es normal, aunque en verano se haga en la carretera y los festejos populares. Seguiré siendo feriante hasta que me retire», concluye.